Cerdas en maternidad: cómo el comportamiento impacta en el bienestar de los lechones

Cerdas en maternidad: cómo el comportamiento impacta en el bienestar de los lechones

El comportamiento materno de las cerdas es un factor clave en la producción porcina. Comprender cómo influyen la genética, el ambiente y el manejo permite reducir la mortalidad en lactancia y mejorar la eficiencia de los sistemas productivos. 

En los sistemas porcinos intensivos, la eficiencia productiva está estrechamente ligada al bienestar animal. En este escenario, el comportamiento de las cerdas durante la lactancia emerge como un factor determinante, tanto para la supervivencia de los lechones como para los resultados económicos del sistema. 

Diversos estudios desarrollados en el ámbito de INTA y universidades nacionales coinciden en que comprender y anticipar la conducta materna permite mejorar el manejo en maternidad, reducir pérdidas y optimizar la selección de futuras reproductoras. 

 

Un período crítico para los lechones 

La etapa de lactancia representa uno de los momentos más sensibles del ciclo productivo. Durante esos días, los lechones dependen completamente de la madre, y variaciones en su comportamiento pueden traducirse en diferencias significativas en la supervivencia. 


Uno de los principales problemas en esta fase es la mortalidad por aplastamiento. En este punto, el comportamiento de la cerda juega un rol central. Algunas hembras responden rápidamente a los chillidos de sus crías, modificando su postura o incorporándose, mientras que otras no lo hacen.
 

Estas diferencias no son aleatorias: están asociadas tanto a factores genéticos como a experiencias previas de cada animal. 

 

El ambiente también condiciona 

El entorno en el que se desarrolla la lactancia tiene un impacto directo sobre la conducta materna. En particular, las jaulas de maternidad, ampliamente utilizadas en sistemas intensivos, limitan la movilidad de la cerda e interfieren en la expresión de comportamientos específicos de especie. 

 

Esta restricción puede generar situaciones de conflicto. Por ejemplo, la imposibilidad de alejarse de las crías puede llevar a la cerda a adoptar posturas que restringen el amamantamiento, como echarse ventralmente o levantarse con frecuencia. 

A su vez, el estado corporal de la madre introduce otra variable clave. Cerdas con bajas reservas energéticas tienden a reducir la inversión en la lactancia, lo que se traduce en amamantamientos menos eficientes y, en consecuencia, en un menor crecimiento de los lechones. 

 

Comportamiento y resultados productivos 

El comportamiento de las cerdas no solo impacta en el bienestar animal, sino también en variables productivas concretas. Se ha observado que hembras más reactivas o con comportamientos más intensos pueden presentar un menor número de lechones nacidos, pero a la vez lograr mayores tasas de destete. 

Este tipo de resultados pone en evidencia que no existe un único perfil “ideal”, sino que el comportamiento debe analizarse en función de su impacto global en el sistema. 

Otro aspecto relevante es el efecto de las experiencias tempranas. Las condiciones en las que se crían las futuras reproductoras influyen en su conducta adulta. Factores como la calidad del vínculo con la madre, el ambiente de crianza y prácticas de manejo como la adopción cruzada dejan huellas que se expresan en la etapa reproductiva. 

En este sentido, distintos trabajos recomiendan que las cerdas de reposición sean criadas por sus propias madres, favoreciendo el aprendizaje de conductas maternas adecuadas a cierto tipo de sistema productivo. 

 

El rol de la genética 

La genética constituye otro componente clave en la explicación del comportamiento. Existen diferencias bien documentadas entre razas y líneas genéticas en cuanto a temperamento y respuesta frente al entorno. 

Por ejemplo, las cerdas Meishan se caracterizan por una mayor reactividad social en comparación con los híbridos Yorkshire-Landrace, lo que puede influir en su estilo de cuidado materno. 

Incorporar estos aspectos en los programas de selección permite avanzar hacia piaras, donde el comportamiento contribuya positivamente a los resultados productivos. 

 

Hacia un manejo más integral 

Los resultados disponibles muestran que el comportamiento de las cerdas debe ser considerado una variable estratégica dentro del sistema productivo. Integrar factores genéticos, ambientales y de manejo permite anticipar la conducta materna y tomar decisiones más ajustadas. 

En sistemas donde las condiciones de alojamiento restringen la expresión de comportamientos propios de la especie, comprender estos procesos resulta clave para diseñar prácticas que minimicen riesgos y mejoren el bienestar. 

En definitiva, avanzar hacia una producción porcina más eficiente implica no solo mejorar indicadores productivos, sino también comprender mejor a los animales que forman parte del sistema. 

 

 

Autores técnico-científicos

Destacado

El comportamiento materno de la cerda puede definir la supervivencia de los lechones: anticiparlo y manejarlo adecuadamente permite reducir pérdidas y mejorar la eficiencia productiva.

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