
La recría de vaquillonas representa una etapa estratégica en los sistemas de cría bovina de la Cuenca del Salado, una de las principales regiones productoras de terneros de Argentina. En estos planteos, la eficiencia en la reposición condiciona tanto la productividad futura como los costos del sistema. Sin embargo, factores forrajeros y sanitarios pueden comprometer el desempeño animal. Entre ellos, la presencia de festucas naturalizadas con el endófito Epichloë coenophyalum, asociado a cuadros de festucosis, continúa siendo una problemática de relevancia para los sistemas pastoriles.
Un trabajo presentado en el 47° Congreso de la Asociación Argentina de Producción Animal por investigadores de la EEA Cuenca del Salado del INTA y de la Chacra Experimental Integrada Chascomús (INTA-MDA) analizó cómo responde la recría de vaquillonas en pasturas dominadas por gramíneas templadas con y sin presencia de festuca infectada, durante el ciclo otoño-invierno-primaveral.
Los resultados permiten dimensionar cuándo aparecen los efectos negativos de la festucosis y aportar criterios para el manejo de rodeos en regiones donde esta condición es frecuente.
Una problemática que se intensifica en primavera
La festucosis es un trastorno asociado al consumo de festucas infectadas por Epichloë coenophyalum, un hongo endófito productor de ergoalcaloides tóxicos para el ganado. Estos compuestos afectan la fisiología animal, comprometen la regulación térmica, reducen el desempeño productivo y pueden generar pérdidas significativas.
Estudios previos ya habían advertido sobre la incidencia de esta problemática en la Cuenca del Salado (Lacoste et al., 2018), especialmente cuando coinciden dos factores críticos: altos niveles de floración de la festuca —donde se concentra una mayor carga de ergoalcaloides (Borrajo et al., 2018)— y elevadas temperaturas ambientales, que exacerban los síntomas clínicos (Odriozola et al., 2002).
En ese marco, el objetivo del trabajo fue evaluar si esas condiciones impactaban sobre la recría de vaquillonas y en qué momento del ciclo productivo comenzaban a expresarse.
Dos pasturas, una comparación estratégica
El ensayo se desarrolló en la Chacra Experimental Integrada Chascomús con terneras Aberdeen Angus destetadas el 9 de marzo de 2018. Tras un período de acostumbramiento al pastoreo, el 24 de mayo se seleccionaron animales homogéneos y se conformaron dos grupos experimentales.
Uno de los lotes pastoreó una pastura con 74% de festuca naturalizada. infectada, acompañada por agropiro, gramón y otras gramíneas (PFi), mientras que el otro grupo se recrió en una pastura libre de festuca infectada, integrada principalmente por pasto ovillo, gramón y trébol blanco (PL), composición resumida en la Tabla 1.

Los pesos iniciales fueron prácticamente equivalentes: 178 ±2 kg por cabeza en PFi y 179 ±2 kg por cabeza en PL, lo que permitió comparar ambos tratamientos desde condiciones de partida similares.
El manejo se realizó con una carga de tres animales por hectárea, bajo pastoreo rotativo en parcelas semanales ajustadas según disponibilidad forrajera. Se registró mensualmente el peso individual hasta el 15 de noviembre de 2018, fecha en la que el ensayo se interrumpió por la aparición manifiesta de signos de festucosis.
Sin diferencias hasta octubre
Uno de los hallazgos centrales del estudio es que durante gran parte del período evaluado las vaquillonas mostraron desempeños productivos similares independientemente del tipo de pastura.
Tal como se observa en la Figura 1, entre el 24 de mayo y el 16 de octubre no se detectaron diferencias significativas en peso vivo entre tratamientos. Las ganancias de peso acompañaron una evolución semejante, lo que sugiere que durante otoño e invierno la presencia de festuca infectada no expresó efectos visibles sobre la recría.

Este resultado aporta un matiz importante para interpretar la problemática: la presencia de festuca infectada no necesariamente genera pérdidas permanentes o inmediatas, sino que sus efectos pueden permanecer latentes hasta que determinadas condiciones ambientales y fenológicas desencadenan el problema.
Cuando la festuca florece, aparecen los síntomas
El escenario cambió a partir de octubre. Las vaquillonas que pastoreaban el lote con festuca naturalizada infectada comenzaron a mostrar signos compatibles con estrés térmico y festucosis: deterioro general del estado corporal, pelaje arratonado, babeo y caída en el desempeño.
Al realizar el último pesaje, el 15 de noviembre, se registraron pérdidas importantes de peso en la mayoría de los animales del tratamiento PFi, generándose diferencias significativas respecto del lote libre de infección, según se muestra en la Figura 1.
Los investigadores vinculan ese cambio con la coincidencia de dos procesos. Por un lado, la pastura con festuca infectada presentó un elevado porcentaje de floración, momento asociado a máxima concentración de ergoalcaloides. Por otro, comenzaron a registrarse mayores temperaturas, un factor que potencia los cuadros de estrés térmico y agrava la sintomatología.
La conjunción de ambos factores parece haber actuado como disparador del deterioro productivo.
Más que una pérdida de peso: una señal de manejo
Además de cuantificar el impacto, el trabajo aporta una lectura práctica para los sistemas de cría.
El hecho de que no se observaran diferencias hasta mediados de octubre sugiere que el problema no necesariamente radica en la utilización de estas pasturas durante toda la recría, sino en reconocer ventanas críticas de riesgo y anticipar decisiones de manejo.
La información refuerza la importancia de monitorear la fenología de la festuca, especialmente la entrada en floración, y prestar atención a los pronósticos de temperaturas elevadas durante primavera. En esas condiciones, sostener animales en lotes con alta proporción de festuca infectada puede traducirse rápidamente en pérdidas productivas.
Desde una perspectiva de manejo, estos resultados abren interrogantes y oportunidades sobre alternativas como ajustes en la carga, cambios en la rotación, uso estratégico de otras pasturas o salida anticipada de categorías sensibles antes de períodos críticos.
Un desafío vigente para los sistemas pastoriles
La festuca es un recurso ampliamente difundido por su rusticidad, adaptación y productividad. Pero cuando está asociada a infecciones endofíticas tóxicas puede transformarse en una limitante sanitaria y productiva.
En regiones ganaderas como la Cuenca del Salado, donde estos recursos son frecuentes, comprender cuándo y bajo qué condiciones aparecen los riesgos resulta central para reducir pérdidas.
Los resultados del ensayo muestran que los efectos no son uniformes durante todo el ciclo, sino que se concentran en momentos específicos, lo que ofrece margen para estrategias preventivas.
Conclusión: identificar el momento crítico
El estudio concluye que la recría de vaquillonas sobre pasturas dominadas por gramíneas templadas mostró respuestas similares con y sin festuca infectada desde mayo hasta mediados de octubre. Sin embargo, a partir de ese momento, coincidiendo con la floración de la festuca y el aumento de las temperaturas, aparecieron signos de festucosis y pérdidas significativas de peso en los animales expuestos.
Más que un efecto constante, el problema parece concentrarse en un período crítico. Identificarlo y anticiparse puede ser la diferencia entre sostener el desempeño de la recría o comprometerlo.
Como muestra la Figura 1, la caída en peso coincidió con el punto de convergencia entre ambiente y fisiología de la pastura, una interacción que pone en evidencia la importancia del manejo preventivo.