
En los sistemas de cría bovina, adelantar el primer servicio de las vaquillonas a los 15 meses es una práctica cada vez más difundida, asociada a mejoras en la eficiencia reproductiva y económica del rodeo. Sin embargo, ¿qué impacto tiene esta decisión sobre la generación siguiente?
Un trabajo reciente desarrollado por investigadores de la EEA Cuenca del Salado del INTA, aporta evidencia concreta sobre este punto: la edad al primer servicio de la madre no solo condiciona su desempeño, sino también el crecimiento y desarrollo reproductivo de sus hijas.
El estudio comparó tres categorías de vientres: vaquillonas preñadas a los 15 meses (15M), vaquillonas preñadas a los 27 meses (27M) y vacas adultas multíparas. Todas fueron inseminadas con un mismo toro y manejadas bajo condiciones similares, lo que permitió aislar el efecto de la edad materna.
Menor peso al destete y diferencias que persisten
Uno de los primeros resultados relevantes aparece en la etapa inicial de vida. Las terneras hijas de madres más jóvenes nacieron con menor peso y mostraron un desempeño inferior durante la lactancia.
De acuerdo con los datos presentados en la Tabla 1, el peso al destete fue significativamente mayor en hijas de vacas adultas (203,1 kg), seguido por las de vaquillonas de 27 meses (179,5 kg) y, en último lugar, las de 15 meses (146,9 kg).

Estas diferencias se explican, en parte, por la menor producción de leche de las madres primíparas, un fenómeno ampliamente documentado en la bibliografía (Hansen et al., 1982; López Valiente et al., 2021).
Sin embargo, tras el destete, las tasas de ganancia de peso se igualaron entre grupos, lo que sugiere cierta capacidad de compensación cuando las condiciones nutricionales son favorables, Pero aun así, las diferencias no desaparecieron completamente. Como se observa en la Figura 1A, las hijas de vacas adultas mantuvieron un mayor peso vivo hasta los 435 días de edad.

Impacto en la composición corporal
El efecto de la edad materna también se manifestó en variables vinculadas a la composición corporal
Las hijas de vaquillonas presentaron menor área de ojo de bife (músculo longissimus) y menor espesor de grasa dorsal en comparación con las hijas de vacas adultas (Figura 1B y 1C).
Estas diferencias reflejan, según los autores, una combinación de factores asociados a la nutrición fetal y al menor consumo de leche durante la lactancia, que impactan en el desarrollo muscular y la deposición de grasa (Gandra et al., 2019).
Desarrollo reproductivo: la clave para la reposición
Más allá del crecimiento, el hallazgo central del trabajo se vincula con el desarrollo reproductivo de las futuras vientres.
A los 399 días de edad, las hijas de vacas adultas presentaron un mayor diámetro folicular y mejor puntaje de desarrollo del tracto reproductivo (RTS), seguidas por las hijas de vaquillonas de 27 meses y, finalmente, las de 15 meses (Tabla 2).

Esta tendencia se mantuvo a los 435 días, donde también se observa un mayor porcentaje de animales púberes en el grupo de hijas de vacas adultas (28%) respecto de los otros grupos, donde prácticamente no se registraron animales en pubertad.
En términos productivos, esto implica una mayor precocidad reproductiva, un atributo clave para mejorar la eficiencia de los sistemas de cría.
¿Se compensan las diferencias?
Un aspecto interesante del estudio es que, hacia los 495 días de edad, no se encontraron diferencias significativas en el peso ni en las dimensiones de los órganos reproductivos (útero, ovarios y cuerpo lúteo) entre los distintos grupos (Tabla 3)

Los autores atribuyen este resultado a dos factores: por un lado, la oferta de dietas de alta energía en la recría, y por otro, la sincronización hormonal previa a la evaluación, que pudo haber homogeneizado el estado fisiológico de los animales.
Esto sugiere que, si bien existen diferencias iniciales, una adecuada estrategia nutricional y de manejo podría atenuarlas parcialmente a mayor edad.
Implicancias para el manejo del rodeo
Los resultados del trabajo aportan elementos concretos para la toma de decisiones en sistemas de cría.
Por un lado, confirman que las hijas de vacas adultas presentan ventajas en términos de desarrollo y precocidad reproductiva, lo que las posiciona como la mejor opción para reposición.
Por otro, dentro de las vaquillonas, aquellas servidas a los 27 meses generan descendencia con mejor desempeño reproductivo que las servidas a los 15 meses, lo que abre interrogantes sobre el uso de las hijas de vaquillonas de 15 meses sin un manejo diferencias para que no afecte los límites biológicos del servicio precoz.
Estos hallazgos coinciden con antecedentes que señalan una menor fertilidad en hijas de madres jóvenes o primíparas (Akbarinejad et al., 2018; Tenley et al., 2019).
Una mirada integral del sistema
En un contexto donde la eficiencia reproductiva define la rentabilidad de los sistemas ganaderos, este tipo de estudios refuerza la necesidad de analizar las decisiones productivas con una mirada de largo plazo.
Adelantar el servicio puede mejorar indicadores inmediatos, pero si se quiere utilizar dicha descendencia para entores precoces, puede generar efectos diferidos sobre la reposición y la productividad futura del rodeo, necesitando un manejo diferencial.
Como concluyen los autores, la edad al primer servicio puede afectar el desarrollo reproductivo de la descendencia, siendo los efectos más adversos en hijas de vaquillonas servidas a los 15 meses.
En este marco, la selección de vientres no debería basarse únicamente en el desempeño individual, sino también en el origen y las condiciones en las que fueron gestados, incorporando una mirada estratégica sobre la reposición que contemple sus efectos en la productividad futura del rodeo.