En la ganadería argentina, la mejora genética ya no se limita a la selección de reproductores o al uso de biotecnologías reproductivas. Hoy, la frontera tecnológica se desplaza hacia el genoma. En la Estación Experimental Agropecuaria Balcarce del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), un equipo de investigadores avanza en la aplicación de edición génica mediante CRISPR/Cas9, consolidando una plataforma que posiciona al país en la vanguardia de la bioeconomía animal.
De la inseminación a la edición
El productor ganadero argentino está habituado a incorporar tecnologías que mejoran sus índices productivos. La inseminación artificial, la transferencia embrionaria, la fecundación in vitro y la criopreservación han permitido acelerar el progreso genético, reducir el intervalo generacional y optimizar el uso de reproductores de alto valor.


La combinación de estas herramientas potencia su impacto. La sincronización de celos junto con la transferencia embrionaria y la vitrificación de embriones permite programar nacimientos, conservar líneas genéticas y ampliar la disponibilidad de material para programas de selección. Esta integración tecnológica no solo mejora la rentabilidad, sino que también contribuye a la sostenibilidad, al reducir la huella ambiental por unidad de producto y mejorar la capacidad de adaptación de los sistemas ganaderos frente a escenarios productivos cada vez más exigentes.
En este escenario, la edición génica se integra como una herramienta de precisión. Desde 2012, con la irrupción del sistema CRISPR/Cas9, es posible realizar cortes específicos en el ADN e introducir cambios de secuencia dirigidas en etapas tempranas del desarrollo embrionario. La técnica funciona como un “editor genético y molecular” que permite insertar, eliminar o sustituir secuencias en genes específicos del genoma con su consiguiente impacto positivo en la productividad, la salud, la calidad y la sostenibilidad ambiental.
OAGM y marco regulatorio
La utilización de estas tecnologías dio lugar al desarrollo de animales mejorados genéticamente por edición, que no son considerados organismos animales genéticamente modificados (OAGM). Sin embargo, la regulación no es uniforme en todos los casos. En países como Australia, Brasil, Colombia, Japón y Argentina, las mutaciones knockout —es decir, el apagado de un gen sin incorporación de ADN exógeno— pueden considerarse equivalentes a variaciones naturales y no encuadrarse como organismos genéticamente modificados tradicionales (Ledesma et al., 2024).
Este marco regulatorio habilita nuevas oportunidades para el sector productivo, con animales que podrían expresar características como mayor masa muscular, mejor adaptación al calor o resistencia a enfermedades, tal como ya se reportó en bovinos, ovinos, porcinos, aves y peces a nivel internacional (Ledesma et al., 2024).
El modelo miostatina en INTA Balcarce
En la EEA Balcarce del INTA, el equipo trabaja sobre el gen de la miostatina, un regulador negativo del crecimiento muscular. Su función es limitar la proliferación y diferenciación de los mioblastos, evitando un desarrollo excesivo del tejido muscular.
La edición de este gen mediante CRISPR se plantea como modelo experimental: el aumento de masa muscular actúa como marcador fenotípico visible para evaluar la eficiencia de la técnica y su posible asociación con otros genes de interés productivo.
Uno de los principales desafíos de la edición embrionaria es el mosaicismo genético, fenómeno que ocurre cuando la modificación no se produce de manera uniforme en todas las células del embrión, generando individuos con una combinación de células editadas y no editadas.
Según se detalla en el informe técnico, el grupo logró mejorar significativamente la eficiencia del sistema in vitro tras ajustar variables críticas, como el tiempo de fecundación (Lauro et al., 2025). Estas optimizaciones permitieron reducir el mosaicismo y consolidar una plataforma estable de edición génica.
Actualmente, los embriones editados se encuentran vitrificados y conservados en nitrógeno líquido a -196 °C, a la espera de su transferencia a receptoras sincronizadas del rodeo experimental.
Hacia animales más eficientes
Más allá del gen marcador, las próximas líneas de investigación apuntan a genes vinculados con eficiencia energética, adaptación al cambio climático y eficiencia alimentaria, incluyendo el consumo residual (RFI), especialmente en rumiantes como bovinos y ovinos.
En un contexto de creciente demanda global de alimentos y mayores exigencias ambientales, la posibilidad de desarrollar animales más eficientes por unidad de insumo adquiere relevancia estratégica.
La edición génica no se inscribe únicamente en una lógica de innovación biotecnológica, sino en una estrategia más amplia de desarrollo bioeconómico. La posibilidad de generar animales con mayor eficiencia alimentaria, menor huella ambiental o mejor adaptación al estrés térmico impacta directamente en la competitividad sistémica de la cadena cárnica argentina, en un escenario internacional cada vez más exigente en términos de sostenibilidad.
Los cambios regulatorios recientes, junto con la consolidación de capacidades científicas locales, posicionan a la Argentina en un lugar competitivo dentro de la bioeconomía global. Contar con infraestructura, capital humano especializado y financiamiento internacional permite no solo generar conocimiento, sino también transferir tecnología al sector productivo.
La articulación entre ciencia, políticas públicas y productores será determinante para capitalizar estas oportunidades. La edición génica no reemplaza la mejora genética tradicional: la complementa y la vuelve más precisa, acelerando procesos que históricamente demandaban décadas de selección.
Desde la EEA Balcarce del INTA, la consolidación de esta plataforma no solo representa un avance científico: fortalecer capacidades nacionales en un área estratégica para la producción de alimentos y posiciona al instituto como actor central en el desarrollo de la bioeconomía argentina, integrando innovación tecnológica, sostenibilidad y competitividad productiva.
Este desarrollo fue financiado de modo conjunto por el proyecto PD I112 “Biotecnologías Reproductivas y plataforma de edición génica en animales de interés zootécnico” de la cartera de proyectos INTA y el proyecto internacional FONTAGRO. ATN/RF-18757-RG “Edición génica para mejoramiento en especies vegetales y animales” y PROCISUR.