La presencia del jabalí europeo (Sus scrofa) y del ciervo axis (Axis axis) dejó de ser un fenómeno aislado para convertirse en una problemática cada vez más visible en amplias regiones productivas de la Argentina. En establecimientos agropecuarios de la región pampeana, y particularmente en la mitad sur de la provincia de Buenos Aires, productores y técnicos observan con creciente preocupación daños en cultivos, deterioro de pasturas, roturas de infraestructura rural y riesgos sanitarios asociados al avance de estas especies exóticas invasoras.
Introducidos originalmente con fines cinegéticos -el jabalí en 1906 y el ciervo axis en la década de 1930- ambos animales lograron establecer poblaciones silvestres capaces de expandirse rápidamente gracias a una elevada plasticidad ecológica. Esa capacidad de adaptación les permite aprovechar ambientes agrícolas, ganaderos y naturales, incluso en territorios altamente transformados por la actividad humana.
Según Ballari et al. (2024), el jabalí tiene presencia confirmada en 224 departamentos del país que representan el 44,5 % del territorio nacional. Además, ocupa un área potencial equivalente al 43,6 % de la superficie argentina y logró colonizar el 87 % de las ecorregiones terrestres, desde el Chaco Húmedo hasta los Bosques Patagónicos. Esta expansión se vincula con altas tasas reproductivas, ausencia de depredadores naturales efectivos y transformaciones en el uso de la tierra. La intensificación agrícola, junto con una oferta forrajera prácticamente constante, favorece el crecimiento poblacional y la ocupación de nuevos ambientes.
Los impactos asociados al jabalí y al ciervo axis trascienden las pérdidas productivas. Sus efectos involucran dimensiones ambientales, sanitarias y económicas, conformando una problemática compleja que requiere abordajes integrales (Figura 1).

Impactos que exceden lo productivo
Los especialistas coinciden en que el avance del jabalí y del ciervo axis no solo representa un problema económico. También genera alteraciones ambientales y sanitarias que afectan el equilibrio de los ecosistemas y aumentan los riesgos para la producción pecuaria y la salud pública.
Ballari y Barrios-García (2022) destacan que los mamíferos exóticos invasores producen impactos múltiples y simultáneos: compiten con la fauna nativa y el ganado por recursos, modifican la estructura de la vegetación, alteran los suelos y pueden actuar como reservorios de enfermedades transmisibles.
El jabalí y el deterioro del suelo
Uno de los daños más visibles asociados al jabalí (Figura 2) es el denominado “hozado”, un comportamiento de alimentación mediante el cual el animal remueve el suelo en busca de raíces, bulbos y otros recursos alimenticios.

Este proceso genera una fuerte alteración física del ambiente. La remoción de la capa superficial provoca pérdida de cobertura vegetal, cambios en la microbiota del suelo y aceleración de procesos erosivos. También se registran disminuciones en la humedad edáfica, afectando la productividad de los sistemas agrícolas y ganaderos.
Diversos trabajos científicos indican que el hozado puede generar aumentos transitorios del nitrógeno mineral, aunque ese efecto es efímero. Al quedar el suelo desnudo, el nutriente se pierde rápidamente por lixiviación o volatilización, reduciendo la fertilidad en el mediano plazo.
Además de los impactos sobre el suelo, el jabalí posee hábitos omnívoros que amplifican su efecto sobre la biodiversidad. Consume semillas, depreda fauna nativa y puede afectar nidos de aves silvestres (Barrios-García y Ballari, 2012; Ballari et al., 2019; Gürtler et al., 2023).
En la región pampeana, distintos estudios observaron una relación inversa entre la abundancia de jabalíes (Figura 3) y las poblaciones de venado de las pampas, sugiriendo competencia por recursos y presión sobre especies autóctonas amenazadas.

El impacto del ciervo axis sobre pasturas y forestaciones
En el caso del ciervo axis (Figura 4), los principales efectos se relacionan con el consumo selectivo de pasturas, brotes y renovales. Esa presión de herbivoría limita la regeneración de especies vegetales y reduce la disponibilidad de forraje para la producción ganadera.

Los investigadores también señalan daños en forestaciones y alteraciones en la dinámica de los ecosistemas locales. El consumo sostenido de plántulas puede impedir que los renovales alcancen estados adultos, mientras que las áreas disturbadas favorecen la aparición de especies vegetales no deseadas.
Meng et al. (2009) y Barrios-García y Ballari (2012) describen además una competencia directa entre el ciervo axis, los herbívoros nativos y el ganado doméstico por los recursos alimenticios disponibles.
Riesgo sanitario y enfoque Una Salud
Otro de los aspectos que más preocupa a técnicos y organismos sanitarios es el rol de estas especies como potenciales reservorios y transmisores de enfermedades. Desde el enfoque de Una Salud (One Health), el avance del jabalí y del ciervo axis incrementa el contacto entre fauna silvestre, animales domésticos y personas, favoreciendo el intercambio de patógenos.
En Argentina se detectaron en poblaciones silvestres de jabalí enfermedades de importancia para la salud pública, como hepatitis E, triquinosis y toxoplasmosis (Condorí et al., 2026; Winter et al., 2019; Tammone Santos et al., 2024).
Estas infecciones representan un riesgo concreto para productores, cazadores, familias rurales y trabajadores vinculados a la faena y manipulación de carne silvestre sin controles sanitarios adecuados.
A nivel pecuario, tanto el jabalí como el ciervo axis pueden actuar como reservorios de enfermedades relevantes para la producción ganadera, entre ellas tuberculosis, brucelosis, leptospirosis y paratuberculosis (Carpinetti et al., 2014; Carpinetti et al., 2016).
La utilización de agroecosistemas y áreas cercanas a establecimientos productivos favorece la superposición espacial entre fauna silvestre y rodeos domésticos, complejizando la vigilancia epidemiológica.
Daños económicos cada vez más frecuentes
En los sistemas productivos, las pérdidas directas e indirectas asociadas a estas especies comienzan a ser cada vez más visibles.
Productores reportan daños en cultivos de maíz, trigo, soja y sorgo, además de pérdidas en pasturas y verdeos. También se registran roturas de silobolsas, alambrados, bebederos y sistemas de riego.
En sistemas ganaderos, particularmente ovinos y caprinos, se han documentado ataques sobre crías. A esto se suman impactos menos evidentes, como contaminación fúngica derivada de roturas de silobolsas, compactación del suelo y deterioro de la calidad productiva.
Las consecuencias económicas no se limitan a las pérdidas directas. Los investigadores mencionan también mayores costos sanitarios y logísticos, restricciones comerciales, necesidad de implementar medidas de manejo adicionales y riesgos asociados a accidentes viales.
La necesidad de construir información local
Pese al crecimiento del problema en gran parte del sur de la provincia de Buenos Aires, aún no existe información sistemática sobre abundancia, distribución y estado sanitario de las poblaciones de jabalí y ciervo axis.
Esta falta de datos limita la posibilidad de dimensionar el impacto real y dificulta el diseño de estrategias de manejo ajustadas a las condiciones territoriales.
Frente a este escenario, INTA Balcarce comenzó a desarrollar relevamientos dirigidos a productores, técnicos y actores territoriales con el objetivo de generar información de base sobre presencia de animales, tipos de daños y percepción del riesgo sanitario. Estos relevamientos permitirán identificar áreas críticas y construir un diagnóstico compartido para orientar futuras acciones de manejo.
Si desea colaborar con la encuesta, haga click en el siguiente enlace:
Un manejo que exige articulación
Los especialistas coinciden en que el control del jabalí y del ciervo axis requiere estrategias integrales y sostenidas en el tiempo. Entre los principales lineamientos se destacan el monitoreo sistemático, la vigilancia sanitaria, el manejo poblacional adaptado a cada territorio y la articulación entre organismos públicos, productores y actores locales.
También subrayan que la participación del sector productivo será clave para mejorar la detección temprana, fortalecer la generación de información y avanzar hacia medidas coordinadas que permitan mitigar los impactos sobre la producción y el ambiente.