
Plantar una hectárea de frutilla en el sudeste bonaerense exige hoy una inversión cercana a los 39 millones de pesos. Ese monto refleja el esfuerzo económico que implica iniciar una plantación. La inversión se realiza al momento del trasplante, entre febrero y abril, mientras que los primeros ingresos recién comienzan a percibirse con las cosechas de noviembre. Por ello, constituye una referencia estratégica para evaluar nuevos emprendimientos, planificar el financiamiento y dimensionar el capital necesario para desarrollar una de las principales producciones hortícolas intensivas de la región.
La producción de frutilla constituye una de las actividades hortícolas intensivas de mayor valor agregado del país y requiere importantes inversiones antes del inicio de la etapa productiva. En este contexto, disponer de estimaciones actualizadas sobre los costos de implantación resulta fundamental para productores, asesores técnicos, entidades financieras y potenciales inversores.
De acuerdo con un relevamiento realizado para el sudeste bonaerense, establecer una hectárea de frutilla demanda una inversión de $38.833.748, equivalente a aproximadamente US$27.700, considerando los precios vigentes al momento de la elaboración del estudio (Tabla 1). Más allá de la cifra, el estudio permite identificar cuáles son los rubros que explican el mayor esfuerzo económico al momento de implantar el cultivo y aporta una referencia objetiva para planificar nuevas inversiones

La frutilla es una economía regional presente en diversas provincias argentinas. Si bien las principales zonas productoras se encuentran en Santa Fe, Tucumán, Corrientes y Buenos Aires, cada región presenta características agroecológicas, tecnológicas y comerciales particulares que condicionan la estructura de costos. En el sudeste bonaerense, donde se concentra una parte importante de la producción destinada tanto al consumo en fresco como a la industria, contar con estimaciones específicas permite disponer de información más ajustada a la realidad local.
Una inversión que comienza antes de plantar
El costo de implantación comprende todas las erogaciones necesarias para establecer el cultivo antes del inicio de la producción. Incluye las labores de preparación del suelo, la fertilización, la confección de camellones, la instalación del sistema de riego por goteo, la colocación del mulch plástico, la adquisición de plantines y las tareas de trasplante, entre otros conceptos (Tabla 1).
La preparación del lote contempla labores como cincelado, subsolado, disqueado con rolo y pasadas de vibrocultivador para acondicionar el suelo. A ello se suma la aplicación de fertilizantes, entre los que se incluyen fosfato diamónico y yeso agrícola, además de las labores necesarias para su incorporación.
Posteriormente se realizan el alomado del terreno, la colocación del mulch plástico y la instalación de la cinta de riego por goteo, prácticas ampliamente difundidas en la producción moderna de frutilla por sus beneficios sobre el control de malezas, la conservación de humedad y la eficiencia en la aplicación del agua.
La etapa de implantación incorpora además la compra de los plantines, la perforación del mulch, el trasplante, la instalación de las mangueras de riego, los caños del sistema y los insumos destinados a la desinfección del suelo, una práctica habitual para disminuir la presión de patógenos y favorecer el establecimiento del cultivo.
¿En qué se invierte cada peso?
Uno de los aspectos más relevantes del trabajo es la desagregación de los distintos componentes del costo de implantación. De acuerdo con los resultados, los plantines representan el 57 % del costo total (Figura 1), porcentaje que refleja la importancia del material vegetal dentro de la estructura económica del cultivo. Este componente incluye tanto el costo de adquisición como el transporte y el refallo de plantas.

El segundo rubro en importancia corresponde a la desinfección del suelo, que concentra el 29 % de la inversión inicial. Se trata de una práctica que busca reducir problemas sanitarios antes del establecimiento del cultivo y cuya incidencia económica pone de manifiesto el peso que tienen los aspectos fitosanitarios en la producción de frutilla.
En conjunto, ambos componentes explican cerca del 86 % del costo de implantación, lo que significa que casi nueve de cada diez pesos invertidos se concentran en estos dos rubros.
El resto de la inversión se distribuye entre la mano de obra para el trasplante (4 %), las labores de preparación del suelo (3 %), el mulch de polietileno (3 %), el sistema de riego por goteo (2 %) y los fertilizantes junto con el yeso agrícola (2 %) (Figura 1).
Esta composición permite identificar cuáles son los factores con mayor incidencia económica y aporta elementos para evaluar estrategias de gestión, financiamiento o incorporación de tecnologías que permitan optimizar el uso de los recursos.
Una herramienta para planificar inversiones
Los costos de implantación constituyen una herramienta estratégica para la planificación productiva. Conocer el capital necesario para establecer una hectárea permite proyectar inversiones, estimar necesidades de financiamiento, elaborar presupuestos y evaluar la factibilidad económica de nuevos emprendimientos. En el sudeste bonaerense, entre la implantación del cultivo y el inicio de las cosechas transcurren varios meses en los que el productor debe sostener la inversión realizada, un aspecto que adquiere especial relevancia al momento de planificar el financiamiento del emprendimiento.
Asimismo, esta información resulta de utilidad para comparar alternativas tecnológicas, analizar la evolución de los costos entre campañas y generar indicadores que sirvan de base para estudios posteriores de rentabilidad y competitividad.
En un contexto caracterizado por la variabilidad de los precios de los insumos y los cambios en las condiciones macroeconómicas, disponer de estimaciones actualizadas adquiere especial importancia para reducir la incertidumbre en la toma de decisiones.
Un estudio con anclaje regional
El estudio pone de relieve la magnitud del capital requerido para iniciar una plantación comercial de frutilla y la necesidad de sostener esa inversión durante varios meses hasta el inicio de las cosechas. En este sentido, disponer de información económica actualizada constituye un insumo clave para planificar inversiones y reducir la incertidumbre en una actividad de alta intensidad tecnológica.
Como antecedente, estudios realizados por el INTA para otras regiones productoras muestran que la estructura de costos puede variar significativamente según las condiciones agroecológicas, el sistema de producción y la tecnología empleada, lo que refuerza la importancia de contar con estimaciones específicas para cada territorio. En este sentido, la actualización realizada para el sudeste bonaerense constituye una herramienta de consulta de gran utilidad para productores, asesores y organismos vinculados al desarrollo de la actividad.
En un contexto de creciente presión sobre los costos de producción, disponer de información económica actualizada constituye un insumo tan importante como la información agronómica para planificar inversiones y reducir la incertidumbre en una actividad de alta intensidad tecnológica como la producción de frutilla.