En sistemas ganaderos pastoriles de la Cuenca del Salado, el invierno suele ser un problema. Las bajas temperaturas y la menor disponibilidad de nutrientes limitan el crecimiento de las pasturas durante el invierno. En esas condiciones, ajustar la fertilización puede permitir anticipar el crecimiento de forraje antes de que llegue la primavera.
Un ensayo realizado durante tres años sobre una pastura de festuca en un establecimiento ganadero de Rauch, en la Cuenca del Salado, evaluó la respuesta del rebrote al aplicar diferentes dosis de fósforo y nitrógeno en inicio de agosto. Los rebrotes mostraron incrementos importantes en la producción de materia seca, especialmente cuando se combinaron ambos nutrientes. Pero, además, el trabajo aporta una alternativa para transformar esa respuesta productiva en una estrategia de manejo: distribuir las dosis de nitrógeno en distintas franjas para generar diferentes velocidades de crecimiento y ordenar el ingreso de los animales.
La posibilidad de generar un incremento en el crecimiento de forraje invernal lo podemos valorar en el campo, ya que la falta de nutrientes se evidencia al observar el mayor crecimiento del forraje en bosta y orina, a pesar de las bajas temperaturas (Imagen 1). En esas situaciones, el agregado de nitrógeno y, eventualmente, de fósforo puede aumentar la producción de forraje y adelantar el crecimiento de las pasturas a la salida del invierno.

El invierno y la disponibilidad de nutrientes
El crecimiento de las pasturas está estrechamente relacionado con la temperatura. Durante el invierno, las bajas temperaturas reducen la velocidad de crecimiento y generan uno de los períodos de mayor restricción en la oferta de forraje de los sistemas ganaderos. A esta condición climática se suma la baja disponibilidad de nutrientes del suelo.
En los suelos ganaderos de la Cuenca del Salado, el nitrógeno y el fósforo aparecen entre los principales nutrientes que pueden limitar el crecimiento. El comportamiento de ambos elementos en el suelo es diferente y, por eso, también lo son las decisiones vinculadas con su aplicación.
El nitrógeno depende en buena medida de la mineralización de la materia orgánica, un proceso que presenta una actividad mínima durante el invierno. Además, se trata de un nutriente muy soluble y móvil, por lo que puede perderse por diferentes vías, entre ellas la volatilización, la escorrentía y la lixiviación. Estas pérdidas representan tanto un costo económico como un posible impacto ambiental.
Por esta razón, la fertilización nitrogenada requiere planificación. La aplicación debe estar asociada a una necesidad concreta de forraje, coordinada con una alta eficiencia en el uso del crecimiento generado. Esto implica considerar también la infraestructura necesaria para el pastoreo, como el uso de alambrado eléctrico y la disponibilidad de agua.
El fósforo muestra un comportamiento diferente, presenta una baja movilidad en el suelo y su disponibilidad para las plantas se produce de manera más lenta. La Cuenca del Salado presenta suelos con baja disponibilidad de este nutriente (fósforo disponible por el método Bray menor a 8 ppm).
Tres años de evaluación sobre festuca
Para evaluar la respuesta de la pastura, se trabajó sobre un lote dominado por festuca ubicado en un suelo ganadero típico de Rauch. El suelo presentaba una disponibilidad inicial de fósforo particularmente baja: 5,5 ppm de P-Bray. También presentaba moderada alcalinidad, con un pH de 8,3, y un contenido medio-bajo de materia orgánica, de 3,8%.
El ensayo se realizó a fines del invierno y aplicando (inicio de agosto) distintas dosis de fósforo y nitrógeno, aplicadas por separado y en combinación. En el caso del fósforo se urilizaron dosis de 0, 50 y 100 kg/ha, mientras que para nitrógeno se trabajó con dosis crecientes de 0, 50, 100, 200, 400 y 600 kg/ha.
El forraje producido durante el primer rebrote posterior a la fertilización fue cosechado durante un período de 60 días a la salida del invierno (Imagen 2). La experiencia se repitió durante tres años, lo que permitió observar el comportamiento en diferentes campañas.

El nitrógeno marcó la mayor diferencia
La respuesta a la fertilización a fines de invierno (agosto) en los suelos ganaderos estudiados mostro un incremento en el crecimiento de festuca al aplicar fósforo (38%), pero éste fue mucho mayor al agregar nitrógeno (122%), y cuando se fertilizó con fósforo y nitrógeno en conjunto se encontraron las máximas producciones de forraje (205%) (Imagen 3). Estos resultados muestran que los ambientes ganaderos pueden alcanzar mayores producciones de forraje fertilizando, mostrando que el nitrógeno es la mayor limitante, y luego el fósforo, por eso al fertilizar en conjunto encontramos mayores respuestas, en estos suelos con bajo P disponible.

Respuestas de las dosis y momento
Los tratamientos permitieron comparar parcelas sin fertilización con otras que recibieron distintas dosis de fósforo, nitrógeno o ambos nutrientes en el primer rebrote a la salida del invierno (Imagen 4).
La aplicación exclusiva de fósforo incrementó la producción de forraje sin diferencias importantes entre las dosis de P50 y P100 (Imagen 4, barra celeste).
La respuesta a la aplicación de nitrógeno mostro un gran incremento hasta alcanzar la dosis de N200 (Imagen 4, barras rojo).
Mientras que la fertilización con aplicación conjunta se potenció la producción de forraje, encontrando en las dosis de P50 y N200 la mayor respuesta la mayoría de los años (Imagen 4, barra verde). Sin embargo, el tratamiento de mayor producción no necesariamente fue el que presentó la mejor relación entre el nutriente aplicado y el forraje obtenido. El análisis de los tres años mostró que la combinación P50-N50 produjo un incremento del 120% respecto del testigo y, al mismo tiempo, presentó la mayor eficiencia en el uso de los nutrientes dentro de las alternativas evaluadas (Imagen 4, flecha verde).
Estos resultados permiten dimensionar el impacto que puede tener el agregado de nutrientes en el primer rebrote a la salida del invierno, pero la respuesta en crecimiento ya es notable a los 30 días de la fertilización (Imagen 5).
Incrementos importantes en el crecimiento del forraje se registraron entre las dosis de nitrógeno. Las parcelas fertilizadas mostraban un crecimiento superior al testigo y las diferencias entre tratamientos aumentaban a medida que se incrementaba la dosis aplicada (Imagen 5).
La combinación de nutrientes potenció la producción
El comportamiento fue todavía más evidente cuando el nitrógeno se aplicó junto con fósforo. En el suelo estudiado, donde el fósforo disponible era de apenas 5,5 ppm, la corrección de esa deficiencia permitió expresar con mayor claridad las diferencias entre las dosis nitrogenadas.
En otras palabras, cuando el fósforo era limitante, agregar nitrógeno permitía aumentar la producción, pero la respuesta a las diferentes dosis de nitrógeno se hacía más evidente al incorporar también fósforo (Imagen 5).
Fertilizar también es planificar el pastoreo
Los resultados permiten diferenciar dos objetivos que en la práctica pueden no coincidir: buscar la máxima producción posible (máxima fertilización), versus buscar la mayor eficiencia entre el crecimiento obtenido, el aprovechamiento del forraje y el costo de fertilización.
La dosis adecuada, por lo tanto, no puede establecerse independientemente del sistema productivo. Depende de la situación del lote y del suelo, de la disponibilidad de forraje que se necesita, de las condiciones climáticas de cada año y del manejo previsto para aprovechar el crecimiento generado.
Una de las principales implicancias del ensayo aparece cuando los resultados de fertilización se vinculan con el manejo del pastoreo.
Si se aplicara una única dosis uniforme de nitrógeno sobre toda la superficie, se produciría un aumento relativamente simultáneo del crecimiento. En cambio, una aplicación distribuida en diferentes dosis permite generar franjas con distinta velocidad de rebrote y diferentes cantidades de forraje disponible.
La estrategia propuesta consiste en utilizar dosis graduales de nitrógeno y, cuando corresponda, corregir previamente la deficiencia de fósforo. De esta manera, pueden generarse sectores que estén disponibles para el pastoreo en diferentes momentos.
El crecimiento diferencial generado por la fertilización puede utilizarse para ordenar la rotación. Los animales pueden ingresar primero en las franjas donde se aplicaron mayores dosis y, por lo tanto, donde se espera una mayor acumulación de forraje, para avanzar posteriormente hacia las franjas con menores dosis y mayor tiempo de rebrote.
El número de días de permanencia en cada sector debe ajustarse al volumen de forraje disponible. La fertilización, en este esquema, deja de ser una práctica aislada y pasa a integrarse con la planificación del pastoreo.
Un ejemplo para distribuir 50 kg de nitrógeno
El trabajo plantea un ejemplo sencillo para visualizar cómo puede implementarse esta estrategia.
Si el objetivo es aplicar un total de 50 kg/ha de nitrógeno y se utiliza urea como fertilizante, se requieren aproximadamente 100 kg/ha de urea. En lugar de distribuir esos 100 kg de manera uniforme sobre toda la superficie, la dosis puede fraccionarse entre diferentes franjas.
En el ejemplo se propone trabajar con seis franjas delimitadas mediante alambrado eléctrico y distribuir la urea con dosis decrecientes: 200, 100 y 0 kg/ha de urea entre las diferentes franjas (F1 a F6).

La lógica es generar primero una mayor acumulación de forraje en las franjas que recibieron 200 kg/ha de urea, para ingresar allí con el pastoreo en primer término. Luego, los animales avanzan hacia las franjas que recibieron menores dosis y finalmente hacia aquellas que no fueron fertilizadas. De esta manera, se aprovechan las diferencias en la velocidad de crecimiento para construir una secuencia de pastoreo (Ejemplo).
La propuesta requiere ajustar la permanencia de los animales en cada franja según la cantidad de forraje disponible. No se trata solamente de distribuir fertilizante, sino de anticipar cómo ese crecimiento adicional será utilizado por el rodeo.
Primero, identificar la limitante
Los resultados obtenidos en Rauch muestran que la fertilización puede generar una respuesta importante en una pastura de festuca a la salida del invierno, pero también muestran que la respuesta depende de las condiciones iniciales del suelo.
En el lote evaluado, el fósforo disponible era de 5,5 ppm, considerado bajo y limitante para el crecimiento del forraje. En esas condiciones, la corrección de la deficiencia permitió potenciar la respuesta al nitrógeno.
Por eso, una de las primeras decisiones debería ser determinar si existe una limitación de fósforo mediante un análisis de suelo y corregirla de acuerdo con el diagnóstico. A partir de allí, la aplicación de nitrógeno puede planificarse considerando la cantidad de forraje que se necesita y la capacidad del sistema para aprovecharlo.
La experiencia también plantea que las aplicaciones graduales pueden ser una herramienta para mejorar la eficiencia de utilización del forraje. En lugar de concentrar todo el crecimiento en un mismo momento, las diferentes dosis permiten construir una oferta escalonada que puede acompañar la rotación de los animales.
Acortar el invierno, significa utilizar el conocimiento sobre las limitantes nutricionales para anticipar la producción de forraje y organizar su aprovechamiento.
El análisis de suelo, la elección del nutriente a corregir, la definición de la dosis y el momento de aplicación forman parte de una misma decisión. Y, en sistemas pastoriles, esa decisión debe estar vinculada desde el comienzo con la posibilidad concreta de transformar el crecimiento generado por la fertilización en forraje efectivamente consumido por los animales.