La fusariosis de la espiga (FE), causada principalmente por especies del género Fusarium, es una de las enfermedades más complejas y difíciles de manejar en cereales de invierno. Aunque en trigo ha sido ampliamente estudiada tanto a nivel internacional como local, en cebada todavía persisten vacíos de información, especialmente en relación con el comportamiento de los genotipos comerciales, el impacto de la fertilización nitrogenada y la eficacia de diferentes estrategias químicas de control.
En ese contexto, durante la campaña 2025/2026 se desarrollaron en el partido de Tandil dos ensayos a campo orientados a generar información aplicada para el manejo sanitario de cebada cervecera. Los trabajos fueron llevados adelante por equipos de BIOLAB-Azul (CIC-PBA, FAA UNCPBA y CONICET), la Facultad de Agronomía de Azul (UNCPBA) y el grupo “Las Estacas”, y permitieron evaluar diferencias entre variedades comerciales, dosis de nitrógeno y mezclas fungicidas bajo condiciones naturales de infección.
Los resultados no solo confirmaron diferencias significativas entre materiales genéticos frente a la enfermedad, sino que además mostraron que mayores dosis de nitrógeno pueden incrementar la severidad de la FE y que ciertos principios activos continúan mostrando mejores respuestas sanitarias que otros.
Una problemática compleja en cebada
La FE suele presentar síntomas poco visibles en cebada. A diferencia de lo que ocurre en trigo, donde el blanqueamiento de espigas es fácilmente identificable, en cebada muchas infecciones pasan inadvertidas y numerosos granos infectados no manifiestan síntomas externos evidentes. Sin embargo, el daño puede ser significativo.
Además de afectar el rendimiento, la presencia de Fusarium compromete la calidad industrial del cultivo, particularmente en cebada destinada a maltería. Entre los efectos más relevantes se encuentran la degradación de proteínas, la pérdida de calidad comercial y la producción de micotoxinas, compuestos que representan un creciente problema para la inocuidad alimentaria y el sector tecnológico de la industria cervecera.
Diversos trabajos internacionales y nacionales han señalado que la susceptibilidad a la enfermedad está ampliamente distribuida entre los genotipos comerciales disponibles, aunque existen diferencias importantes en el grado de respuesta de cada material (Martínez et al., 2020; Schöneberg et al., 2018). A ello se suma la fuerte influencia de las condiciones ambientales durante el período de espigazón, etapa crítica para la infección.
Ensayos a campo en Tandil
Los experimentos se realizaron bajo un diseño en bloques completos al azar con tres repeticiones (DBCA). El primero de ellos, denominado E1, evaluó seis genotipos comerciales de cebada cervecera (Hordeum vulgare L.) en interacción con dos niveles de fertilización nitrogenada: 100 y 200 kg de N por hectárea.
Los materiales incluidos fueron Andreia, Gutze, Malkia, Montoya, Recital y Sinfonía. El objetivo fue analizar tanto la incidencia como la severidad de la FE en condiciones naturales de infección y determinar si existían respuestas diferenciales entre variedades y dosis de nitrógeno.
El segundo ensayo (E2) estuvo orientado al control químico de la enfermedad. En este caso se evaluaron diez combinaciones de fungicidas más un tratamiento testigo sin aplicación, utilizando el genotipo Andreia como material experimental.
A los 21 días de las aplicaciones se realizaron evaluaciones sanitarias sobre 20 espigas por subparcela y posteriormente se efectuaron aislamientos microbiológicos convencionales a partir de muestras de espigas recolectadas al azar.
Las imágenes del ensayo y de espigas afectadas por la enfermedad pueden observarse en la Foto 1.n

Diferencias entre genotipos
Uno de los resultados más relevantes surgidos del ensayo E1 fue la existencia de diferencias significativas entre genotipos tanto para incidencia como para severidad de la enfermedad (p<0,0001).
Las Figuras 1 y 2 muestran cómo cada variedad respondió de manera distinta frente a la infección natural de Fusarium. Algunos materiales evidenciaron menores niveles de sintomatología, mientras que otros presentaron porcentajes más elevados de espigas afectadas y mayor severidad de daño.


Sin embargo, uno de los aspectos más destacados del trabajo fue que las diferencias visuales observadas a campo no siempre coincidieron con la carga fúngica real detectada posteriormente en laboratorio. El aislamiento microbiológico realizado sobre espigas aparentemente sanas demostró que podían existir infecciones importantes aun sin manifestaciones visibles.
La comparación entre espigas sintomáticas y asintomáticas obtenidas en los diferentes genotipos evaluados puede observarse en la Foto 2.

Este comportamiento confirma una de las principales dificultades que presenta la FE en cebada: la subestimación del problema sanitario cuando las evaluaciones dependen exclusivamente de síntomas visuales. Según remarcan los investigadores, esto compromete tanto el diagnóstico como la toma de decisiones de manejo en campo, afectando finalmente la inocuidad de los granos así como también la calidad maltera.
El rol del nitrógeno
Otro de los aspectos evaluados fue la interacción entre genotipo y fertilización nitrogenada. En este caso, no se detectaron interacciones significativas entre ambos factores para incidencia y severidad. Sin embargo, sí se observaron diferencias importantes vinculadas a la dosis de nitrógeno aplicada.
Los tratamientos con mayores niveles de fertilización registraron incrementos significativos en la severidad de la enfermedad (p<0,0001). El resultado coincide con antecedentes internacionales que indican que altos niveles de nitrógeno pueden favorecer el desarrollo de ciertos patógenos.
Si bien las especies del género Fusarium son consideradas generalmente hemibiotróficas, existen reportes que describen comportamientos más cercanos al biotrofismo bajo regímenes de elevada disponibilidad nitrogenada (Fagard et al., 2014; Zetzsche et al., 2020). También se ha señalado que altas dosis de nitrógeno pueden incrementar la susceptibilidad de los cultivos frente a enfermedades foliares y de espiga (Simón et al., 2020).
En términos productivos, el dato adquiere relevancia porque la fertilización nitrogenada constituye una práctica habitual en cebada cervecera, particularmente cuando se busca maximizar rendimiento y calidad. Los resultados sugieren que el manejo del nitrógeno deberá formar parte de una estrategia integral de prevención y mitigación de la FE, siendo necesarios más estudios en la temática.
Fungicidas: diferencias claras entre mezclas
El ensayo E2 permitió comparar el desempeño de distintas formulaciones fungicidas sobre la enfermedad. Los resultados mostraron diferencias altamente significativas entre tratamientos tanto para incidencia como para severidad (p<0,0001).
Las mezclas y formulaciones basadas en triazoles, particularmente aquellas que incluían epoxiconazole, fueron las que lograron mejores niveles de control bajo condiciones de campo (Figura 3).

Los resultados coinciden con numerosos antecedentes internacionales que señalan una mayor eficacia de triazoles como epoxiconazole y tebuconazole frente a la FE (Duan et al., 2018; Isaack et al., 2024).
En contrapartida, los investigadores recuerdan que las estrobilurinas han mostrado respuestas erráticas en distintos trabajos e incluso existen reportes donde su utilización se asoció a incrementos en la contaminación por micotoxinas (Ellner et al., 2005). Por su parte, las carboxamidas continúan siendo menos exploradas específicamente para esta enfermedad.
Hacia un manejo integrado
Los resultados obtenidos en Tandil aportan información local sobre una problemática que viene ganando relevancia en cebada a nivel mundial, especialmente en sistemas productivos orientados a calidad maltera.
Para los investigadores, el trabajo confirma que el manejo integrado será clave para reducir el impacto sanitario y productivo de la FE. La elección de genotipos con mejor comportamiento sanitario, el ajuste de la fertilización nitrogenada y una adecuada selección de fungicidas aparecen como herramientas complementarias dentro de una estrategia de manejo más amplia.
Además, remarcan la importancia de continuar profundizando estudios sobre comportamiento varietal y monitoreo sanitario en cebada, un cultivo donde todavía existe menor información disponible respecto de trigo.
En escenarios de creciente presión sanitaria y mayores exigencias de calidad industrial, comprender cómo interactúan genética, nutrición y control químico será determinante para sostener la competitividad del cultivo, asegurando una buena calidad maltera e inocuidad del producto final.