
La viticultura argentina extiende sus fronteras y gana diversidad con nuevas regiones en desarrollo. Una de ellas es la zona de Mar y Sierras, en el sudeste bonaerense, donde el entorno serrano y la influencia marítima generan condiciones agroecológicas particulares. Entre ellas, el suelo —y especialmente su profundidad efectiva— aparece como un factor crítico para lograr vinos de calidad.
La vid para vinificación requiere un suelo con capacidad de almacenamiento hídrico ajustada: ni demasiado abundante, lo que genera un crecimiento vegetativo excesivo y diluye compuestos relacionados con calidad de la uva; ni demasiado escasa, lo que puede comprometer el rendimiento o la supervivencia de las plantas. El desafío está en encontrar el equilibrio entre el vigor y la producción.
Suelo, raíces y balance hídrico
El desarrollo radical de la vid depende del perfil del suelo. Si bien la mayor concentración de raíces se sitúa entre los 60 y 80 cm, pueden llegar a explorar hasta 6 metros de profundidad, si no existen barreras físicas. La presencia de roca, tosca o capas impermeables limita esa expansión, reduciendo la disponibilidad de agua y nutrientes.
En la región Mar y Sierras, los suelos someros, limitados por basamento cristalino o tosca, son frecuentes en el pedemonte serrano. Estas restricciones físicas condicionan el desarrollo radical, afectan la homogeneidad del viñedo y pueden disminuir la calidad del mosto.

La topografía de la zona influye sobre el balance hídrico. En sectores elevados, la napa freática está distante y la planta depende exclusivamente del agua almacenada en el perfil. En zonas deprimidas, en cambio, la napa puede subir y provocar anegamientos temporales, lo que genera condiciones de anoxia radical, especialmente perjudiciales durante la primavera, cuando las raíces están en pleno crecimiento.
La experiencia francesa como referencia
En regiones vitivinícolas de Francia, como Loira, Ródano, Borgoña y Burdeos, los estudios demuestran que los suelos con capacidad de almacenamiento hídrico moderada o limitada tienden a generar vinos de mejor calidad. En esos sectores, la menor disponibilidad de agua induce un estrés hídrico moderado que favorece la concentración de azúcares, antocianos y compuestos aromáticos.
En el caso de Saint-Émilion (Burdeos), por ejemplo, la combinación de suelos poco profundos y flujo capilar desde el nivel freático permite un balance hídrico óptimo para variedades tintas, de bajo requerimiento.
¿Qué ocurre en Mar y Sierras?
El sudeste bonaerense, modelado por el sistema serrano de Tandilia, presenta una topografía compleja: sierras, lomas, valles y planicies. En este relieve, los suelos formados a partir de loess, sobre basamento cristalino y rocas sedimentarias, presentan una gran variabilidad en profundidad y textura, lo cual impacta directamente en el cultivo de la vid.
En viñedos de Tandil, Balcarce y Gral. Pueyrredon, situados en el pedemonte serrano se observan suelos limitados en profundidad, según la plataforma GEO INTA (ver Tabla 2). Se encuentran unidades que incluyen hapludoles líticos o argiudoles petrocálcicos, con presencia de tosca o roca a escasa profundidad.
Impacto en el sistema radical
En un viñedo de Tandil se realizó un mapeo del suelo y se cuantificó la distribución de raíces en sectores con suelos muy someros (<25 cm) y someros (25–50 cm). Los resultados muestran diferencias significativas en la densidad radical, limitada por la roca o la tosca (Figura 1). Además, se hallaron raíces muertas en horizontes subsuperficiales con características hidromórficas, situación que puede derivar en viñedos heterogéneos y de bajo rendimiento (Zabalegui et al., 2021).
Esta variabilidad dentro del mismo lote resalta la importancia de realizar un mapeo previo a la implantación, para detectar zonas con limitaciones y diseñar un manejo diferenciado. La sectorización del suelo donde se va a plantar el viñedo permite ajustar la elección de portainjertos, la densidad de plantación y las estrategias de riego.
Riego deficitario controlado: una herramienta para la calidad
En casos donde la profundidad del suelo es limitada, el agua disponible puede ser insuficiente en períodos críticos del ciclo vegetativo. En ese contexto, el riego complementario, y en particular el riego deficitario controlado (Gurovich y Vergara, 2005), puede ser una herramienta eficaz para mantener el estrés hídrico en niveles beneficiosos para la calidad, sin afectar la fisiología de la planta.
Este tipo de manejo consiste en aportar agua en cantidades restringidas y en momentos estratégicos (por ejemplo, pre-envero), con el objetivo de limitar el crecimiento vegetativo y concentrar compuestos deseables en las bayas.
Consideraciones para el diseño de viñedos
Los suelos de la región Mar y Sierras presentan:
- Alta variabilidad en profundidad y textura.
- Presencia en el pedemonte serrano de suelos someros o poco profundos, con limitaciones físicas a la penetración de raíces.
- Posible anegamiento en zonas bajas durante períodos de lluvias intensas, con riesgo de asfixia radical.
- Baja probabilidad de aporte capilar desde la napa en zonas elevadas.
Por eso, la implantación de viñedos en esta región requiere:
- Mapeo detallado del suelo.
- Selección de sitios con profundidad moderada.
- Ajuste de prácticas de manejo (riego, portainjerto, densidad) en función del perfil edáfico.
- Estrategias de adaptación ante la heterogeneidad intra-lote.