El cultivo de cebada se consolidó como uno de los cereales más importantes del país por su superficie sembrada y por su doble destino: cervecero y forrajero. Sin embargo, su potencial productivo se ve condicionado por la incidencia de enfermedades foliares que año a año desafían al productor y a la investigación aplicada.
Durante la campaña 2025, se observó un incremento significativo de la roya de la hoja (Puccinia hordei) enfermedad que no se detectaba con frecuencia en los últimos años en el sudeste bonaerense (Faberi et al., 2022, 2023, 2024a) y que volvió a hacerse presente (Figura 1).

El patógeno, presente en el país (SINAVIMO, 2025), mostró una expansión visible tanto en lotes comerciales como en ensayos de la red de cebada cervecera del INTA Balcarce (Figura 2). Esta enfermedad puede ocasionar pérdidas de rendimiento de 17 a 30 % (Ilyas et al., 2014) y hasta 60 % en campañas epifíticas, es decir, en aquellas donde la enfermedad alcanza un carácter epidémico (German et al., 2011).

En Uruguay, la roya de la hoja alcanzó niveles epidémicos en 2006 (German et al., 2011), y su comportamiento actual en el sudeste bonaerense parece seguir esa tendencia. Se trata de un patógeno biótrofo y policíclico. Las infecciones pueden originarse por esporas exógenas transportadas por el viento desde otras zonas o por esporas endógenas provenientes de plantas voluntarias que actúan como puente verde. Una vez establecida la infección primaria, el patógeno produce esporas secundarias cada 7 a 10 días, lo que genera nuevas infecciones dentro del mismo ciclo.
Las pústulas son redondeadas, de color anaranjado, y se distribuyen sobre la lámina y la vaina de las hojas en principio de manera aislada, hasta ocupar gran parte de la lámina (Figura 1). Su desarrollo óptimo ocurre entre 15 °C y 20 °C, con al menos seis horas de humedad foliar continua para producir infección (Germán et al., 2011).
Factores ambientales y predisposición varietal
Durante la campaña 2025, las condiciones ambientales resultaron favorables para el desarrollo del patógeno. Los registros de la Estación Agrometeorológica de la EEA Balcarce mostraron precipitaciones superiores al promedio histórico entre junio y octubre (Figura 3), lo que incrementó la humedad foliar y favoreció la infección y dispersión de esporas.

El manejo integrado combina dos pilares principales: el uso de variedades resistentes (resistencia genética) y la aplicación de fungicidas (control químico).
Evaluación varietal
Para evaluar la respuesta varietal, el equipo de la Unidad Integrada Balcarce (INTA – FCA) analizó diferentes genotipos de cebada en la red de cebada cervecera, bajo condiciones sin aplicación de fungicidas foliares. Se midieron la incidencia (proporción de hojas con pústulas) y la severidad (porcentaje de área foliar afectada), calculando un índice de intensidad como producto de ambas variables.
Todas las variedades mostraron síntomas de roya de la hoja, aunque con distintos niveles severidad (Tabla 1). Andreia, Beatriz INTA, Fender, Sinfonía y Verónica registraron baja susceptibilidad, mientras que Charles y Montoya presentaron mayor vulnerabilidad. La elección de variedades menos susceptibles se consolida como una herramienta clave para reducir la presión de enfermedad en años con condiciones predisponentes.

La Intensidad se calculó como el producto de incidencia * severidad en cada parcela sin aplicación de fungicidas foliares.
Control químico
La segunda estrategia de manejo de Puccinia hordei es la aplicación de fungicidas foliares, especialmente en materiales susceptibles o ante condiciones favorables para la infección. A la fecha, el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA, 2025) tiene registrados 21 productos habilitados para el control de P. hordei, que incluyen formulaciones con triazoles (inhibidores de C14-demetilasa), carboxamidas (inhibidores de succinato deshidrogenasa) y estrobilurinas (inhibidores de la quinona externa). En general, se utilizan mezclas con dos o tres principios activos para ampliar el espectro de control y retrasar la aparición de resistencia.
Ensayos realizados en Tandil en 2023 (Faberi et al., 2024b) evaluaron distintas combinaciones de ingredientes activos aplicadas en el estadio Z39 del cultivo (Tabla 2).

Todos los tratamientos redujeron significativamente la incidencia y severidad de la enfermedad respecto del testigo, sin diferencias estadísticas entre formulaciones (Figura 4). Esto sugiere que las principales mezclas disponibles en el mercado ofrecen un control eficaz cuando se aplican en etapas tempranas o preventivas.

Perspectivas para el manejo integrado
La aparición de la roya de la hoja en el sudeste bonaerense evidencia la necesidad de reforzar la vigilancia sanitaria y adoptar un manejo integrado que combine genética, agronomía y control químico. El monitoreo temprano, la elección de variedades menos susceptibles y la aplicación oportuna de fungicidas constituyen herramientas complementarias que reducen la presión del patógeno y previenen pérdidas económicas.
El conocimiento epidemiológico de la enfermedad y el intercambio de información entre redes de investigación, técnicos y productores resultan esenciales para anticipar brotes y ajustar estrategias de manejo a nivel regional. Las condiciones climáticas registradas en 2025 —con mayor humedad y temperatura moderada— confirman que el contexto ambiental puede actuar como disparador de epidemias, por lo que la planificación sanitaria del cultivo debe integrarse a la toma de decisiones productivas.
En síntesis, la roya de la hoja de la cebada, causada por Puccinia hordei, se posiciona como un factor sanitario de relevancia para la región. La vigilancia continua y el manejo integrado de la enfermedad permiten preservar la productividad del cultivo y fortalecer la sustentabilidad de los sistemas agrícolas de la región.