La arveja continúa ganando protagonismo en los sistemas agrícolas argentinos y los resultados obtenidos durante la campaña 2025 en Tandil refuerzan esa tendencia. Ensayos comparativos realizados en el Sitio Experimental AER INTA–ISEA Tandil, Agencia de Extensión Rural Tandil del INTA e Instituto Salesiano Eduardo Arana respectivamente, evidenciaron que el cultivo puede alcanzar rendimientos superiores a los 6.000 kg/ha bajo las condiciones agroecológicas del sudeste bonaerense, posicionándose como una alternativa productiva y estratégica frente a los tradicionales cultivos invernales.
Los antecedentes de la Red Nacional de Cultivares de Arveja del INTA muestran que el cultivo posee una elevada variabilidad productiva según ambiente y manejo. Mientras el rendimiento promedio nacional ronda los 2.300 kg/ha, en campañas favorables se registraron valores superiores a los 5.500 kg/ha en localidades como Balcarce y Trevelin (Prieto et al., 2018; Prieto et al., 2019). Más recientemente, ensayos realizados en el centro bonaerense también evidenciaron altos potenciales de rendimiento tanto en materiales de cotiledón verde como amarillo (Lázaro et al., 2025; Prieto et al., 2025).
Los trabajos formaron parte de la Red de Ensayos Comparativos de Cultivares de Arveja de la República Argentina y permitieron evaluar materiales de ciclo largo e intermedio-corto, tanto de cotiledón verde como amarillo. Además de medir productividad, los investigadores analizaron variables agronómicas vinculadas con adaptación, comportamiento sanitario, vuelco y peso de granos.
El estudio fue desarrollado por técnicos de la Agencia de Extensión Rural (AER) Tandil y de la AER Lobería del INTA junto con instituciones y empresas vinculadas al cultivo, en un contexto donde la búsqueda de alternativas productivas y de insumos más eficientes cobra cada vez mayor relevancia para los sistemas agropecuarios.
Un cultivo que suma ventajas agronómicas y productivas
En los últimos años, la arveja (Pisum sativum) mostró una expansión sostenida en distintas regiones agrícolas del país. Parte de ese crecimiento se explica por sus ventajas agronómicas respecto de otros cultivos de invierno. Entre ellas, se destaca un ciclo más corto, menor consumo de agua y el aporte de nitrógeno al sistema mediante fijación biológica, mejorando las condiciones para el cultivo siguiente en la rotación.
El cultivo consume aproximadamente 100 mm menos de agua que el trigo, situación que favorece la disponibilidad hídrica para los cultivos de segunda (Prieto, 2012). A su vez, contribuye al manejo de malezas y a la diversificación de los sistemas productivos.
Otro aspecto destacado es su creciente utilización en alimentación animal. Tradicionalmente destinada al consumo humano, la arveja comenzó a posicionarse como una fuente proteica y energética para bovinos, porcinos y aves, especialmente en contextos de elevados costos de alimentación.
De acuerdo con Pasinato et al. (2019), el grano posee entre 18 y 25 % de proteína bruta y cerca de 50 % de almidón de alta calidad, permitiendo reemplazar parcialmente ingredientes tradicionales como maíz o soja en las raciones. Además, distintos estudios reportaron respuestas productivas equivalentes o superiores a dietas convencionales (Prieto et al., 2019).
Ensayos en Tandil: primeras evaluaciones de la red nacional
Los ensayos se realizaron sobre un suelo Argiudol típico con presencia de tosca a 1,5 metros de profundidad y antecesor cebada/soja.
Previo a la implantación se efectuó un análisis químico del suelo que mostró elevados niveles de materia orgánica y valores medios de fósforo, situación que determinó la aplicación de 80 kg/ha de fertilizante fosforado antes de la siembra (Tabla 1).

Las evaluaciones incluyeron dos experimentos: RED25-1, con cinco genotipos invernales o de ciclo largo, y RED25-2, con 17 materiales primaverales o de ciclo corto-intermedio (Tabla 2). El diseño experimental fue en bloques completos aleatorizados con cuatro repeticiones y parcelas de siete surcos.

La siembra de los materiales invernales se realizó el 12 de junio de 2025, mientras que los cultivares primaverales se implantaron el 31 de julio (Tabla 3). Durante el ciclo se efectuaron tratamientos con fungicidas e insecticidas siguiendo el protocolo de la Red Nacional de Arveja (Tabla 4).


Un año climático favorable para el cultivo
Las condiciones meteorológicas acompañaron el desarrollo del cultivo durante toda la campaña. La temperatura media del período junio-diciembre fue de 14,1 °C, valor considerado adecuado para la arveja en el sudeste bonaerense.
Durante otoño e invierno se registraron temperaturas moderadas y ausencia de eventos extremos prolongados, favoreciendo la implantación y el crecimiento inicial. Posteriormente, en primavera, las temperaturas máximas aumentaron, acelerando los procesos reproductivos y el llenado de granos (Figura 1).

En cuanto a las precipitaciones, la campaña acumuló 552,2 mm entre junio y diciembre (Figura 2), con una distribución considerada favorable para el cultivo. Septiembre y octubre concentraron los mayores registros pluviométricos, permitiendo sostener el crecimiento durante las etapas críticas.

Según destacaron los investigadores, no se registraron déficits hídricos importantes durante el ciclo, condición que contribuyó a alcanzar elevados rendimientos y un adecuado llenado de granos.
Rendimientos récord en materiales invernales y primaverales
Los resultados mostraron un desempeño sobresaliente tanto en materiales de ciclo largo como en los de ciclo corto.
En los cultivares invernales, el rendimiento promedio alcanzó 4.055 kg/ha (Tabla 5). Los mejores comportamientos correspondieron a Aviron, con 4.736 kg/ha; Curling, con 4.494 kg/ha; Feroe, con 4.436 kg/ha; y Baltrap, con 4.393 kg/ha. El cultivar Escrime presentó un rendimiento significativamente inferior respecto del resto de los materiales evaluados.

En este grupo también se observaron diferencias en altura de plantas y grado de vuelco. Feroe se destacó por presentar el menor índice de vuelco y la mayor altura promedio.
Los materiales primaverales alcanzaron resultados aún más destacados. El rendimiento promedio del ensayo fue de 4.156 kg/ha (Tabla 6), aunque varios genotipos superaron ampliamente ese valor.

El cultivar Skoll registró el mayor rendimiento de toda la experiencia, con 6.162 kg/ha, seguido por Orchestra con 5.526 kg/ha y Avenger con 5.118 kg/ha. También se destacaron Symbios, Reussite y Carrington, todos por encima de los 4.900 kg/ha. Los mayores rendimientos se obtuvieron principalmente en materiales de cotiledón amarillo, aunque el cultivar verde Carrington logró ubicarse entre los de mejor comportamiento productivo.
Diferencias en peso de granos y comportamiento agronómico
El peso de mil granos (P1000) también mostró importantes diferencias entre materiales (Tabla 7). Los mayores valores correspondieron a Iconic, con 313 gramos; Skoll, con 310 gramos; y Orchestra, con 300 gramos.

En contraste, materiales como V25 y V26 presentaron los menores pesos de grano, con valores cercanos a 160 gramos.
Otro aspecto relevante fue el comportamiento frente al vuelco. Algunos cultivares de menor altura registraron índices elevados, mientras que materiales como Carrington y Kingfischer combinaron buena altura con menores niveles de vuelco, favoreciendo la cosecha mecánica.
Una alternativa para diversificar los sistemas productivos
La arveja presenta un elevado potencial productivo para las condiciones del sudeste bonaerense y remarcaron que el ajuste de la fecha de siembra y la correcta elección varietal resultan determinantes para alcanzar altos rendimientos.
Además del aporte económico, el cultivo puede contribuir a diversificar rotaciones, mejorar la sustentabilidad de los sistemas agrícolas y generar nuevas alternativas para la alimentación animal.
No obstante, la consolidación de la arveja como opción productiva regional requiere avanzar también en aspectos comerciales y en la generación de mercados más estables para asegurar previsibilidad a los productores.