La producción de kiwi en el sudeste de la provincia de Buenos Aires ha experimentado un crecimiento sostenido en los últimos años, consolidándose como una alternativa productiva de gran relevancia. Según estimaciones del INTA, actualmente existen alrededor de 40 productores que cultivan más de 600 hectáreas en la región, con el 15 % de la superficie concentrada en el Partido de General Alvarado. Sin embargo, más allá de su impacto en la oferta frutícola, el kiwi se destaca por su fuerte demanda de mano de obra, un aspecto clave en el desarrollo rural y en la sostenibilidad de la actividad agrícola.
Un estudio reciente llevado a cabo por Pagliaricci, Donna y Sasso ha analizado la cantidad de jornales requeridos para el manejo del kiwi en el Partido de General Alvarado, comparándolo con otros cultivos frutícolas como la vid. La investigación, basada en información primaria y secundaria, incluyó entrevistas a productores y asesores técnicos, además de mediciones en campo de diversas labores como la poda y la cosecha.
Resultados
Para analizar la demanda de mano de obra, se consideraron las diferencias en la edad de las plantaciones y se definieron los aspectos técnicos para el estudio de campo. (Tabla 1).
Tabla N°1: Aspectos técnicos del cultivo
Una fruticultura intensiva en empleo
El análisis de la demanda de mano de obra en la producción de kiwi revela cifras contundentes: 285 jornales por hectárea al año. Esta cantidad es equiparable a la requerida por cultivos de vid para vinificación en Mendoza, lo que posiciona al kiwi como una opción frutícola altamente intensiva en empleo. Dentro del esquema de trabajo, más de la mitad de las labores están vinculadas al mantenimiento general de las plantaciones, mientras que la poda representa el 25 % de la demanda total, con más de 70 jornales anuales por hectárea (Gráfico 1).
Los meses de mayor actividad en el ciclo productivo del kiwi son mayo, junio y julio, cuando se concentran la cosecha y las tareas de poda. Durante este período, se registra cerca del 50 % de la demanda anual de mano de obra. Estas características sitúan al kiwi como un cultivo que requiere una planificación eficiente en la gestión laboral para garantizar su viabilidad económica y operativa (Grafico 2).
Comparación con otras producciones frutícolas
El estudio contextualiza la demanda de mano de obra del kiwi dentro del espectro de otras producciones frutícolas en Argentina. Investigaciones previas han determinado que el cultivo de manzana en Río Negro y Neuquén demanda aproximadamente 122 jornales por hectárea en sistemas de producción de nivel tecnológico medio, con la cosecha representando el 46 % de la carga laboral total (Catoira et al., 2023). Por su parte, el cultivo de peras en la misma región requiere alrededor de 100 jornales por hectárea.
Otro caso relevante es el de la producción citrícola en Tucumán, donde la cosecha es la principal actividad generadora de empleo. Según Crespo (2014), en 2011 la Asociación Tucumana de Citrus (ATC), registró 35.000 trabajadores en el sector, de los cuales más del 60a% eran cosecheros. Este tipo de actividad, con un marcado carácter estacional, demanda estrategias específicas para garantizar la estabilidad laboral de los trabajadores.
En cuanto a la vid, Novello (2021) ha determinado que la producción de uva para vinificación en Mendoza requiere 89 jornales para tareas de poda y atada en el sistema de conducción espaldera tradicional. En este sentido, la producción de kiwi comparte similitudes con la vid en términos de intensidad de trabajo, aunque con diferencias en la distribución de las labores a lo largo del ciclo productivo.
Implicancias y desafíos
El estudio evidencia que la producción de kiwi en el Partido de General Alvarado genera una demanda de empleo equivalente a 100 puestos de trabajo permanentes. En un contexto de creciente preocupación por la sostenibilidad del empleo rural, esta cifra resalta la importancia del cultivo como dinamizador del mercado laboral en la región.
Sin embargo, la comparación con otras cadenas frutícolas pone de manifiesto la necesidad de desarrollar estrategias de gestión laboral más eficientes. La variabilidad estacional y la intensidad de ciertas labores pueden representar un desafío para los productores, que deben garantizar la disponibilidad de trabajadores capacitados en los períodos críticos del año.
A futuro, resulta fundamental continuar con estudios que permitan evaluar la evolución de la demanda de mano de obra en función de factores como la introducción de nuevas tecnologías, las variaciones climáticas y los cambios en la estructura productiva del sector. La optimización de estos procesos no solo impactará en la rentabilidad de la producción, sino también en la calidad del empleo y en la sostenibilidad del sistema productivo frutícola argentino.