El kiwi orgánico gana espacio en el sudeste bonaerense: análisis económico de un cultivo en expansión

El kiwi orgánico gana espacio en el sudeste bonaerense: análisis económico de un cultivo en expansión

Un estudio técnico realizado para el sudeste de la provincia de Buenos Aires analiza la rentabilidad del cultivo de kiwi variedad Hayward bajo manejo orgánico. Con rendimientos estimados de 30 toneladas por hectárea, el margen bruto supera los 21.700 dólares por hectárea, aunque con una fuerte dependencia del precio de venta y de los costos directos del sistema productivo.


La producción de kiwi en Argentina ha mostrado un crecimiento sostenido en las últimas dos décadas. Actualmente se estiman más de 900 hectáreas implantadas en el país y una producción cercana a las 11.000 toneladas anuales. La mayor parte de esta actividad se concentra en el sudeste de la provincia de Buenos Aires, donde alrededor de 40 productores manejan más de 700 hectáreas, es decir, cerca del 80 % del total nacional. 
 

Las condiciones agroclimáticas de la región favorecen la obtención de fruta de calidad y permiten una cosecha tardía, lo que posibilita extender la oferta de fruta local hasta diciembre cuando se dispone de infraestructura de almacenamiento en frío. Este posicionamiento productivo abre oportunidades tanto para el mercado interno como para la exportación. 

A pesar de este crecimiento, la producción nacional aún no alcanza a cubrir la demanda interna. En 2023 Argentina importó alrededor de 5.000 toneladas de kiwi, principalmente desde Chile, Italia y Grecia, mientras que las exportaciones se ubicaron cerca de las 2.000 toneladas con destino a Brasil, Italia y Uruguay.  

En este contexto, el cultivo se presenta como una alternativa interesante para diversificar la producción frutícola regional y generar empleo en el territorio. 

 

Un cultivo intensivo en mano de obra 

La producción de kiwi se caracteriza por su alta demanda de trabajo. Las tareas culturales incluyen poda, atado, raleo, polinización y cosecha, además del manejo sanitario y nutricional del cultivo. 

Según las estimaciones realizadas en el estudio, el sistema productivo analizado requiere alrededor de 285 jornales por hectárea al año. De ese total, más de 70 jornales corresponden a la poda y atado, una de las labores más especializadas del cultivo.  

A esto se suman tareas semi-especializadas como cosecha, raleo y polinización, además de labores generales vinculadas al mantenimiento del lote, monitoreo sanitario y cuidado de las estructuras de conducción y riego. 

Este elevado requerimiento de mano de obra convierte al kiwi en una actividad con fuerte impacto territorial, tanto en el manejo del cultivo como en las etapas de acondicionamiento, empaque y comercialización de la fruta. 

 

El planteo productivo del modelo analizado 

El estudio económico se realizó sobre un modelo de producción orgánica del cultivar Hayward en plantaciones adultas de entre 8 y 15 años de edad. 

El sistema considera una densidad de 800 plantas por hectárea, con un marco de plantación de 2,5 por 5 metros y un rendimiento comercial estimado de 30 toneladas por hectárea (Tabla 1).  

Para la elaboración del informe se consideraron los siguientes supuestos económicos: tipo de cambio de U$s 1 = $ 1300, valor del gasoil de U$s 0,97 por litro, jornal de U$s 26,17 y un valor de referencia para labores de U$s 29,28. 

 

Dentro del volumen total de producción se diferencian tres categorías comerciales: 

  • Fruta de primera calidad: 24.600 kg (82 %) 
  • Fruta de segunda calidad: 4.500 kg (15 %) 
  • Descarte: 900 kg (3 %) 

 

Esta composición del rendimiento se detalla en la Tabla 2 del informe técnico.  

En cuanto al destino comercial, la producción se distribuye entre exportación y mercado interno, con diferentes precios de referencia según categoría y canal de venta. 

 

Un manejo agronómico basado en prácticas orgánicas

El modelo analizado se sustenta en un manejo orgánico que combina distintas prácticas agronómicas orientadas a sostener el rendimiento y la calidad de fruta. El control de malezas se realiza mediante métodos mecánicos, priorizando el uso de desmalezadoras, motoguadañas y herramientas manuales, lo que evita la utilización de herbicidas químicos y aumenta la demanda de mano de obra. 

En cuanto al manejo sanitario, el sistema se apoya en el monitoreo permanente del cultivo y en aplicaciones puntuales de insumos biológicos u orgánicos tanto para el control de plagas como para la prevención de enfermedades fúngicas y bacterianas. La fertilización se estructura a partir de aportes edáficos, fertirriego y aplicaciones foliares, con el objetivo de satisfacer los requerimientos nutricionales del cultivo a lo largo del ciclo productivo. 

Un aspecto clave del sistema es la polinización, que se realiza mediante una estrategia combinada de polinización artificial y uso de colmenas, práctica determinante para asegurar niveles adecuados de cuaje. Por su parte, la cosecha continúa siendo manual, lo que refuerza el carácter intensivo del cultivo. 

El esquema se completa con el uso de riego por goteo, complementado con microaspersión para la mitigación de heladas, y con un fuerte componente de asesoramiento técnico profesional, que acompaña tanto el manejo a campo como las etapas de poscosecha. 

 

Ingresos del sistema productivo 

El ingreso bruto del cultivo surge de la comercialización de fruta tanto en el mercado interno como en exportación. 

Según el modelo evaluado, el ingreso bruto total alcanza los U$s 68.159 por hectárea (Tabla 3).  

Esta distribución muestra la importancia del mercado doméstico para la rentabilidad del sistema, especialmente a través de la comercialización de fruta de primera calidad en el Mercado Central de Buenos Aires. 

 

Costos de producción 

El análisis de costos considera tres grandes componentes: labores e insumos productivos, costos de empaque y almacenamiento, y costos de comercialización. 

Los costos directos totales del sistema alcanzan los 46.419 dólares por hectárea, distribuidos en diferentes rubros productivos.

Entre los principales costos se destacan: 

  • Mano de obra especializada y general 
  • Insumos de fertilización y manejo sanitario 
  • Polinización 
  • Procesamiento y empaque de la fruta 
  • Costos logísticos y comerciales 

 

Dentro de la estructura de costos, la mano de obra —tanto en tareas especializadas como generales— aparece como uno de los componentes más relevantes, seguida por los insumos vinculados a la fertilización y las actividades de polinización y poscosecha. El detalle de estos componentes permite comprender la estructura de costos del sistema productivo (Tablas 4, 5 y 6). 

La distribución de los costos directos permite identificar el peso relativo de cada componente dentro del sistema productivo (Gráfico 1). 

En términos relativos, la mano de obra —tanto especializada como general— explica una proporción significativa del costo total del sistema, junto con los insumos y las actividades de poscosecha. 

 

Rentabilidad del cultivo 

A partir de la diferencia entre ingresos y costos directos, el modelo arroja un margen bruto de 21.740,69 dólares por hectárea, con una relación margen bruto/costo directo de 0,47.  

Este indicador refleja que el cultivo presenta resultados económicos positivos en las condiciones consideradas en el análisis. 

Por otra parte, el rendimiento de indiferencia —es decir, el volumen necesario para cubrir los costos directos— se estimó en 15.500 kilogramos por hectárea, valor que se ubica aproximadamente en la mitad del rendimiento esperado del sistema productivo.  

 

Qué pasa si cambian los precios o los costos 

Para evaluar la robustez del sistema productivo se realizó un análisis de sensibilidad considerando variaciones del ±10 % y ±20 % en el ingreso bruto. 

Los resultados muestran que el margen bruto puede oscilar entre 8 y 35 mil dólares por hectárea, dependiendo de la evolución de precios o rendimientos del cultivo. 

Este comportamiento evidencia que la rentabilidad del sistema es sensible a las fluctuaciones del mercado, una característica habitual en producciones frutícolas intensivas. 

 

Una alternativa productiva con potencial regional 

El cultivo de kiwi se consolida como una alternativa productiva relevante en el sudeste bonaerense. Su potencial productivo, la calidad de fruta obtenida en la región y la posibilidad de extender la oferta nacional en el mercado son factores que explican el interés creciente por esta actividad. 

Al mismo tiempo, su carácter intensivo en mano de obra y su articulación con actividades de empaque, almacenamiento y comercialización generan un impacto económico significativo en el territorio. 

Los resultados económicos del modelo analizado muestran que el sistema puede ser rentable bajo las condiciones productivas consideradas, aunque su desempeño dependerá en gran medida de la evolución de los precios de mercado y de la estructura de costos del cultivo. 

En un escenario de creciente demanda y con limitaciones en la oferta local, el kiwi producido en el sudeste bonaerense no solo muestra viabilidad económica, sino también potencial estratégico para sustituir importaciones y consolidar el desarrollo regional.

 

 

 

Destacado

El modelo analizado arroja un margen bruto de 21.740 dólares por hectárea y muestra que el cultivo puede ser económicamente viable, aunque su resultado depende fuertemente de la evolución de precios y costos. 

Bibliografía

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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