En un contexto donde la horticultura busca alternativas más sustentables para incrementar la productividad y reducir el impacto ambiental, los microorganismos promotores del crecimiento vegetal comienzan a consolidarse como herramientas con alto potencial agronómico. En Balcarce, una experiencia desarrollada de manera conjunta entre la Escuela de Educación Secundaria Agraria San José y la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Mar del Plata permitió comprobar que estos bioinsumos no solo pueden mejorar el rendimiento de los cultivos, sino también transformarse en una valiosa estrategia pedagógica.
El trabajo se centró en evaluar el efecto de la bacteria Pseudomonas sp. LSR1, aplicada en combinación con un biofertilizante comercial, sobre el crecimiento y desarrollo de plantas de lechuga. La propuesta integró actividades de investigación, producción y formación, involucrando tanto a estudiantes secundarios como universitarios en todas las etapas del proceso experimental.
La iniciativa se desarrolló bajo una metodología de aprendizaje por proyectos, una estrategia educativa que promueve la participación activa de los estudiantes en la resolución de problemáticas reales. En este caso, el desafío consistió en analizar alternativas biológicas capaces de mejorar la eficiencia productiva de cultivos hortícolas, en línea con las demandas actuales de una agricultura más sostenible.
Ciencia aplicada al aula y al territorio
Durante la experiencia, los estudiantes participaron en la formulación de hipótesis, el diseño experimental, la toma de datos y el análisis de resultados. Este abordaje permitió vincular contenidos teóricos con situaciones concretas del ámbito productivo, fortaleciendo competencias técnicas, capacidades analíticas y herramientas para la toma de decisiones.
El ensayo se inició con la inoculación de semillas de lechuga utilizando la bacteria Pseudomonas sp. LSR1. Posteriormente, las plantas fueron cultivadas en condiciones controladas y luego trasplantadas para su evaluación tanto en invernadero como a campo.
Los microorganismos promotores del crecimiento vegetal, conocidos también como PGPR por sus siglas en inglés, cumplen distintas funciones beneficiosas para los cultivos. Entre ellas se destacan la estimulación del crecimiento radicular, la mejora en la disponibilidad de nutrientes y la producción de sustancias que favorecen el desarrollo vegetal. Además, pueden contribuir indirectamente a una mayor tolerancia frente a condiciones adversas.
Sin embargo, los especialistas remarcan que la respuesta de los cultivos puede variar según la especie vegetal, las condiciones ambientales y el tipo de microorganismo utilizado. Por ese motivo, resulta fundamental generar información local que permita validar estas tecnologías en sistemas productivos concretos.
Mejoras en crecimiento y rendimiento
Los resultados obtenidos mostraron diferencias significativas entre las plantas tratadas y el tratamiento testigo. Las lechugas inoculadas presentaron mayor altura promedio, incremento del peso fresco y un aumento de la biomasa total (Figura 1).

Según los datos relevados, las plantas tratadas alcanzaron valores productivos considerablemente superiores, con incrementos cercanos al 50 % en peso fresco respecto al control sin inoculación (Figura 2).

En términos fisiológicos, también se observaron diferencias en el contenido de materia seca (Figura 3). Aunque este parámetro fue levemente menor en las plantas tratadas, los investigadores señalaron que dicha condición suele asociarse a tejidos más hidratados y a un mejor estado nutricional e hídrico de los cultivos.

Los resultados obtenidos refuerzan el potencial de los bioinsumos como herramientas capaces de complementar o reducir el uso de insumos de síntesis química en sistemas hortícolas intensivos, una tendencia que gana relevancia frente a las crecientes demandas de sostenibilidad ambiental y eficiencia productiva.
Formación integral y aprendizaje significativo
Más allá de los indicadores agronómicos, uno de los aspectos más destacados de la experiencia fue el impacto educativo alcanzado a partir de la articulación entre distintos niveles de enseñanza.
La participación activa de los estudiantes permitió transformar una práctica experimental en un proceso de aprendizaje significativo, donde la investigación científica dejó de ser un contenido abstracto para convertirse en una herramienta concreta de análisis e intervención sobre la realidad.
A lo largo del proyecto, los alumnos incorporaron conceptos vinculados con microbiología agrícola, manejo de cultivos, análisis estadístico e interpretación de resultados, al tiempo que fortalecieron capacidades de trabajo colaborativo y pensamiento crítico.
Los responsables de la experiencia destacan que este tipo de propuestas favorece una formación más integral de futuros profesionales y técnicos, al combinar conocimientos científicos con situaciones reales del territorio productivo. Asimismo, remarcan la importancia de fortalecer los vínculos entre instituciones educativas, científicas y productivas para generar espacios de innovación y transferencia tecnológica orientados al desarrollo local.
Bioinsumos y sustentabilidad
El uso de microorganismos benéficos forma parte de una tendencia global orientada hacia sistemas agrícolas más sustentables. En la horticultura, donde los cultivos suelen presentar alta demanda de nutrientes y fuerte presión sanitaria, los bioinsumos aparecen como alternativas capaces de contribuir a una producción más eficiente y ambientalmente responsable.
En Argentina, el interés por este tipo de tecnologías crece de manera sostenida, tanto desde el ámbito científico como desde el sector productivo. Distintos grupos de investigación trabajan actualmente en la identificación y validación de microorganismos con potencial agronómico para diversas especies cultivadas.
La experiencia desarrollada en Balcarce aporta evidencia local sobre los beneficios de estas herramientas y demuestra, además, que la innovación tecnológica puede convertirse en un puente entre la educación y la producción.
Los resultados obtenidos permiten proyectar nuevas líneas de trabajo vinculadas tanto a la evaluación de otros microorganismos promotores del crecimiento vegetal como a la profundización de estrategias pedagógicas basadas en la investigación aplicada.
En este sentido, la articulación entre escuela, universidad y territorio se consolida como una estrategia clave para promover procesos de innovación, fortalecer la formación técnica y generar respuestas concretas a los desafíos actuales de la producción agroalimentaria.