El nogal pecán (Carya illinoinensis) se consolida en Argentina como una alternativa productiva de largo plazo, capaz de combinar rentabilidad, diversificación y servicios ecosistémicos. Sin embargo, su principal limitante histórica ha sido el extenso período improductivo inicial, que exige inversiones sostenidas antes de alcanzar rendimientos comerciales. Frente a este escenario, productores y técnicos comenzaron a explorar estrategias de intensificación del manejo, similares a las utilizadas en otros frutales, con el objetivo de adelantar la entrada en producción y maximizar los rendimientos por hectárea.
Investigaciones recientes realizadas en la Estación Experimental Agropecuaria Balcarce del INTA analizan justamente este proceso. A partir de ensayos desarrollados durante los ciclos 2021/22, 2022/23 y 2023/24, se evaluó cómo la densidad de plantación, el riego, la poda y la fertilización inciden sobre la estructura del árbol, la productividad y el secuestro de carbono, aportando información clave para la toma de decisiones en sistemas intensificados.
Dos modelos de manejo bajo la lupa
El estudio se llevó a cabo en dos plantaciones experimentales de pecán con distinto nivel de intensificación: una plantación intensificada (PI) y una plantación no intensificada (PNI), ubicadas en el sudeste bonaerense, una región con alrededor de 900 mm de precipitación media anual. Las diferencias entre ambos sistemas incluyeron el marco de plantación, la densidad de árboles, el nivel de riego, la intensidad de poda y el esquema de fertilización (Tabla 1).

Mientras la PI trabajó con un marco de 9 x 9 metros (123 árboles por hectárea) y riego complementario durante dos campañas, la PNI utilizó un diseño más amplio (12 x 8 metros, 104 árboles por hectárea), con riego mínimo y poda menos intensa. Estas diferencias permitieron evaluar cómo responde el árbol al aumento de la competencia intraespecífica y al mayor uso de insumos.
Tecnología aérea para medir la arquitectura del árbol
Uno de los aspectos novedosos del trabajo fue la combinación de mediciones tradicionales con herramientas de agricultura digital. El diámetro del tronco a la altura del pecho (DBH), la altura total y la altura de la primera ramificación se midieron en campo, mientras que el área de proyección de la copa (APC) se estimó mediante imágenes aéreas obtenidas con vehículos aéreos no tripulados (VANT).
A partir de vuelos controlados y la generación de ortomosaicos, fue posible delimitar con precisión las copas individuales y calcular su superficie (Figura 1). Este enfoque permitió analizar las relaciones intra-árbol y su evolución en el tiempo con un alto nivel de detalle.

Ambientes contrastantes y su impacto en el crecimiento
Los tres ciclos evaluados presentaron condiciones climáticas muy distintas, especialmente durante el período invernal. El invierno de 2023 fue más cálido que los anteriores, mientras que se registraron heladas tardías en octubre de 2021 y 2022, coincidentes en algunos cultivares con la elongación de amentos.
En términos hídricos, la campaña 2023/24 resultó la más húmeda, con más de 1.000 mm acumulados entre abril y marzo, mientras que en los dos primeros años la PI recibió riego suplementario que representó hasta el 45 % de la lámina total de agua (Figura 2). Estas variaciones ambientales influyeron directamente en la dinámica de crecimiento del árbol y en la relación entre copa, tronco y altura.

Árboles más grandes, pero no siempre más robustos
Los resultados muestran que la intensificación modifica la estructura del nogal pecán. Si bien los árboles de la plantación intensificada presentaron mayores valores absolutos de diámetro de tronco y área de copa, la eficiencia de crecimiento fue mayor en el sistema no intensificado.
Entre 2022 y 2024, por cada metro cuadrado adicional de copa, los árboles de la PNI engrosaron su tronco en promedio 0,4 cm, mientras que en la PI ese valor fue de 0,27 cm/m². Este comportamiento sugiere que, bajo mayor competencia, los árboles asignan relativamente menos recursos al fortalecimiento del tronco y más a la expansión de la copa, un claro “costo de adaptación” asociado a la intensificación (Tabla 2).

La poda más intensa aplicada en la PI permitió controlar el crecimiento en altura y favorecer la apertura de copas, aunque los árboles de la PNI mostraron una mayor ganancia en altura por unidad de copa. En conjunto, estos indicadores reflejan dos arquitecturas de árbol distintas, condicionadas por el manejo (Figura 3).
A escala de lote, la intensificación mostró ventajas claras. La mayor cobertura de copa total y el aumento del área basal permitieron capturar más luz y acumular más biomasa por hectárea. En términos productivos, el rendimiento promedio acumulado fue de 104,7 kg de nuez por hectárea en la PI, frente a 77 kg/ha en la PNI, aun considerando la variabilidad entre cultivares y la presencia de árboles que no entraron en producción.
En cuanto al secuestro de carbono, el aumento del 18,3 % en la densidad de plantación se tradujo en un incremento del 12 % en el carbono secuestrado anual por hectárea, considerando tanto la biomasa aérea como el carbono del suelo (Figura 4). Este resultado refuerza el rol del pecán como cultivo con valor productivo y ambiental.

Los ensayos del INTA Balcarce confirman que aumentar la densidad, acompañado de riego, fertilización y poda adecuados, permite acelerar la entrada en producción, mejorar los rendimientos por superficie y potenciar el secuestro de carbono. Sin embargo, también ponen en evidencia desafíos que no pueden ser ignorados.
La mayor competencia por recursos, el riesgo sanitario asociado a copas más cerradas y la incertidumbre sobre la sostenibilidad productiva más allá de los 12 o 15 años obligan a pensar la intensificación como un proceso dinámico, que podría requerir raleos, ajustes nutricionales y estrategias de manejo regenerativo adaptadas a cada sitio.
En un contexto de cambio climático, con inviernos más cálidos y mayor variabilidad hídrica, el riego emerge como un factor clave para sostener el crecimiento equilibrado del árbol y la relación entre copa y tronco. Al mismo tiempo, la intensificación no debe perder de vista el equilibrio entre productividad, estabilidad estructural del árbol y salud del agroecosistema.

Un camino posible, con manejo inteligente
La experiencia de INTA Balcarce muestra que el pecán intensificado es una alternativa viable y prometedora, siempre que se lo aborde desde un enfoque integrado, basado en información local, monitoreo continuo y decisiones de manejo oportunas. Más árboles por hectárea no garantizan por sí solos el éxito: lo determinante es cómo se gestionan las relaciones intra-árbol y los recursos disponibles para transformar densidad en productividad sostenible.