Cultivos de cobertura y maíz: nueva metodología para optimizar la sincronización de nitrógeno en el sudeste bonaerense

Cultivos de cobertura y maíz: nueva metodología para optimizar la sincronización de nitrógeno en el sudeste bonaerense

Un estudio realizado en el sudeste bonaerense propone una nueva metodología para medir la sincronía de nitrógeno entre cultivos de cobertura y maíz. Los resultados muestran que especie y momento de terminación son claves para maximizar la eficiencia del nutriente y reducir la dependencia de fertilizantes.

En los sistemas agrícolas del sudeste bonaerense, el nitrógeno (N) es uno de los principales factores limitantes del rendimiento de maíz y uno de los insumos de mayor peso económico y ambiental. En este escenario, los cultivos de cobertura (CC) se consolidan como una estrategia de intensificación sustentable, pero con un interrogante central: ¿liberan el nitrógeno en el momento en que el maíz realmente lo necesita?  

Un trabajo desarrollado por investigadores del IPADS Balcarce y la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNMdP evaluó, durante dos campañas consecutivas (2019/20 y 2020/21), cómo la especie de CC y la fecha de terminación influyen sobre la sincronización entre la liberación de N de los residuos y la absorción por parte del maíz. 

El estudio no solo comparó avena (Av), vicia (Vi) y una mezcla (Av+Vi), sino que además propuso una metodología específica para cuantificar esa “sincronía”, vinculándola con rendimiento y eficiencias asociadas al uso del nutriente. 

 

Ensayo a campo: especies, fechas y fertilización 

Los experimentos se realizaron en Necochea, sobre un Argiudol petrocálcico, bajo siembra directa y en secano. Se evaluaron dos momentos de terminación de los CC: temprana (cuatro semanas antes de la siembra del maíz) y tardía (una semana antes). 

El diseño incluyó tratamientos con y sin fertilización nitrogenada en el maíz (200 kg N/ha como urea) y un barbecho como testigo. Las condiciones meteorológicas, características del suelo y manejo se detallan en la Tabla 1. 

 

Las lluvias durante el ciclo del maíz fueron de 544 mm en la primera campaña y 496 mm en la segunda, con déficits en floración y llenado de grano más marcados en 2020/21. El suelo presentó altos niveles de materia orgánica (5,5–5,9%) y Nan (potencial de mineralización de N) entre 59 y 71 ppm. 

 

Metodología para medir la sincronización de N 

Para cuantificar la sincronía se desarrolló un indicador que compara día a día la oferta de N desde los CC con la demanda real del maíz. Esta última se estimó para la diferencia en crecimiento entre maíz fertilizado y no fertilizado tras barbecho, representando el N diario que debería aplicarse mediante fertilización si se quiere maximizar el rendimiento del maíz (Figura 1). 

 

Se definieron tres situaciones: 

  • Sincronía: cuando la liberación de N coincide con la demanda. 
  • Asincronía de exceso: el CC libera más N del que el maíz puede absorber. 
  • Asincronía de insuficiencia: el CC libera menos N del requerido. 

 

Además, se calcularon la eficiencia de uso de N (EUN) y la eficiencia de recuperación de N (ERN) del N proveniente de los CC. 

 

Acumulación de N y calidad de los CC: claves de la dinámica 

La vicia con terminación tardía acumuló el mayor contenido de N en biomasa (196 kg N/ha), mientras que la avena mostró los valores más bajos (32–40 kg N/ha). La mezcla se ubicó en niveles intermedios (113 kg N/ha). 

La relación carbono:nitrógeno explicó buena parte de la dinámica: 15:1 en vicia, 32:1 en la mezcla y entre 81:1 y 112:1 en avena. Esa diferencia se tradujo en velocidades de liberación contrastantes. 

Al estadio V6 del maíz, la vicia había liberado en promedio 41% del N acumulado, la mezcla 28% y la avena solo 15%. Al final del ciclo, los valores alcanzaron 89% en vicia, 76% en la mezcla y 49% en avena. 

 

Sincronía: no siempre más es mejor 

La sincronía promedio fue marcadamente diferente según especie (Figura 2). La avena presentó el menor valor (23%), mientras que vicia y mezcla alcanzaron 81% y 70%, respectivamente. La terminación tardía incrementó la sincronía en 14% respecto de la temprana (65% vs. 51%). 

 

Sin embargo, mayor acumulación de N también implicó mayor riesgo de exceso. La asincronía de exceso fue mínima en avena (3–8 kg N/ha) y elevada en vicia (56–160 kg N/ha), especialmente con terminación tardía. 

El análisis mostró que la sincronía aumentó linealmente con la acumulación de N en biomasa hasta aproximadamente 140 kg N/ha, punto en el cual se estabilizó (Figura 3). Con ese nivel, el exceso alcanzó alrededor de 90 kg N/ha. 

 

Ese “excedente” no necesariamente se pierde: puede cubrir momentos de insuficiencia o incorporarse a la materia orgánica del suelo. 

 

Impacto en rendimiento y respuesta a N 

Sin fertilización, los menores rendimientos se registraron luego de avena (promedio 4395 kg/ha), seguidos por barbecho (6639 kg/ha), mezcla (6958 kg/ha) y vicia (7693 kg/ha) (Tabla 2). 

La respuesta a la fertilización fue mayor en avena (3411 kg/ha) y prácticamente nula en vicia (-62 kg/ha en promedio). Es decir, donde la sincronía fue alta, el maíz dejó de responder al agregado de N. 

 

Eficiencias y umbral productivo 

El cruce entre sincronía, respuesta a fertilización y eficiencias mostró un dato clave (Figura 4): cuando la sincronía se ubicó entre 50% y 60%, se minimizó la respuesta al fertilizante y se maximizaron la EUN y la ERN. 

 

Desde el punto de vista del manejo, esto indica que no es necesario buscar sincronías cercanas al 100%. Un rango intermedio puede resultar óptimo en términos productivos y ambientales. 

 

Manejo integral: el rol del agua 

La terminación tardía mejoró la sincronía, pero implica un mayor consumo hídrico del CC. En este estudio, las lluvias posteriores permitieron recargar el perfil (limitado a 50 cm), evitando penalizaciones por agua. No obstante, la decisión del momento de secado debe considerar siempre la disponibilidad hídrica, especialmente en ambientes restrictivos. 

 

En síntesis 

La vicia mostró el mayor aporte de N y alta sincronía, aunque con riesgo de exceso. La avena presentó baja sincronía pero mayor retención de N para cultivos posteriores. La mezcla ofreció un balance intermedio. 

El trabajo demuestra que, cuando la sincronía supera el 50%, el maíz prácticamente deja de responder a la fertilización nitrogenada. Esto posiciona a los CC como una herramienta concreta para optimizar el uso del N, reducir costos y avanzar hacia sistemas más eficientes y sustentables en el sudeste bonaerense. 

En un contexto de costos crecientes de fertilizantes y mayor presión ambiental sobre las pérdidas de N, entender y gestionar la sincronía entre cultivos de cobertura y maíz se convierte en una decisión estratégica de manejo para avanzar hacia sistemas más eficientes y sustentables. 

 

Autores investigación

Walter D. Carciochi1,2, Francisco Cafaro La Menza1,2, Denis G. Terwissen Gjerloff2, Nahuel I. Reussi Calvo1,2, Guillermo A. Divito3, Oscar R. Avila Manotoa2, María P. Rodriguez2, Sergio Tovar Hernández2, Adrián M. Lapaz Olveira2, Hernán R. Saiz Rozas1,2 y Pablo A. Barbieri1 

1. Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) 

2. Facultad de Ciencias Agrarias, Universidad Nacional de Mar del Plata (FCA-UNMdP) 

3. Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (AAPRESID)

Destacado

Con acumulaciones cercanas a 140 kg N/ha en la biomasa del cultivo de cobertura se logró maximizar la sincronía, aunque con un exceso inevitable de unos 90 kg N/ha que no necesariamente se pierde del sistema. 

Cuando la sincronía de nitrógeno superó el 50%, el maíz dejó de responder a la fertilización nitrogenada, evidenciando el aporte estratégico de los cultivos de cobertura en el sistema.

Bibliografía

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