Sociedades que aprenden
En tiempos donde la incertidumbre domina el horizonte político y social, es difícil encontrar procesos colectivos capaces de construir futuro sobre bases concretas. Sin embargo, existen casos que se “empecinan” en demostrar que la cooperación y el trabajo conjunto pueden revertir esa tendencia.
El Clúster Quesero de Tandil es uno de ellos. Nacido del compromiso entre productores, instituciones científicas y gobiernos locales, este espacio supo transformar una idea —revalorizar la tradición quesera tandilense— en un proyecto de desarrollo territorial con impacto productivo, cultural y comunitario.
Su recorrido evidencia que las comunidades pueden aprender a pensar y actuar colectivamente, convirtiendo el conocimiento compartido y la confianza en herramientas para innovar y sostener la producción.
Un poco de historia
El proceso comenzó en 2008 con el proyecto “Construcción participativa de los quesos de Tandil” enmarcado en el Programa Institucional de Alimentos de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNCPBA). Participaron la Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales de la UNLP, el INTA, el INTI y el Instituto Agrotecnológico de Tandil.
El objetivo fue revalorizar los quesos típicos de la región mediante la articulación entre productores e instituciones, incorporando mejoras técnicas en producción, gestión y control sanitario.
En 2012, el grupo solicitó asistencia al Programa de Servicios Agrícolas Provinciales (PROSAP) y se incorporó a las Iniciativas de Desarrollo de Clústeres (IDC). A través de un proceso participativo, se elaboró el Plan de Mejora Competitiva (PMC) con financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), ejecutado por PROSAP y la Unidad para el Cambio Rural (UCAR).
Esa etapa consolidó una metodología de trabajo basada en la concertación y la gestión compartida. Vale destacar la labor técnica y ejecutiva de los coordinadores locales —primero el Ing. Agr. Francisco Davidos y luego el Lic. Lucio Rancez—, quienes promovieron la participación y comunicación continua entre productores e instituciones.
La metodología de trabajo
El enfoque del Clúster partió de un principio clave: nadie puede transformarse solo. La innovación se construye colectivamente.
La propuesta de las IDC promovió la participación activa de todos los actores vinculados a la cadena láctea: productores, organismos públicos, instituciones científico-tecnológicas y gobiernos locales.
El proceso se desarrolló en dos fases:
En la primera, se elaboró el Plan de Mejora Competitiva, que definió prioridades y proyectos estratégicos.
En la segunda, se consolidó el marco institucional del Clúster, lo que permitió ejecutar las iniciativas y garantizar su continuidad.
Los foros de discusión y validación se convirtieron en espacios centrales de aprendizaje y construcción de consensos. Allí se compartieron diagnósticos y propuestas, pero también se gestó un capital intangible decisivo: la confianza. Esa confianza permitió pasar de las ideas a los hechos.

Impactos y transformaciones
Calidad e innovación
El Clúster impulsó mejoras significativas en las instalaciones y procesos de elaboración, garantizando la calidad bromatológica y organoléptica de los quesos. Las capacitaciones, tanto colectivas como individuales, elevaron el estándar productivo e introdujeron prácticas de gestión e inocuidad modernas.
Producción e identidad territorial
El trabajo asociativo incrementó la cantidad de leche local destinada a la elaboración de quesos artesanales y fortaleció la identidad territorial del producto. A partir de este proceso, se avanzó en la Indicación Geográfica (IG) y en la tipificación del Queso Banquete / Tandil, que hoy representa el emblema colectivo de la región.
Vinculación internacional
El Clúster accedió a programas internacionales como All Invest 5.0 y estableció vínculos con la Cámara de Comercio de Valledupar (Colombia) y la región italiana de Emilia Romagna, de reconocida tradición quesera. Además, se incorporó al modelo japonés One Village One Product (OVOP), proyectando los quesos tandilenses como “tesoros locales” en el plano nacional e internacional. En ese marco, en 2022 se firmó un convenio con la EEA Balcarce del INTA, que fortaleció el trabajo conjunto en valorización territorial, desarrollo de productos y comunicación estratégica, integrando capacidades técnicas y sociales del territorio. Este proceso sentó las bases para el posterior desarrollo del proyecto OVOP Tandil que profundizó el enfoque de valorización territorial del Queso Banquete / Tandil.
Comunidad y cultura
El impacto trascendió lo productivo. Cada diciembre, la Fiesta del Queso Tandilero reúne a más de 50.000 visitantes, integrando gastronomía, música, cultura y turismo. En 2024 se concretó un anhelo del Clúster: junto a la Municipalidad de Tandil y la Denominación de Origen del Salame, se inauguró el Centro de Referencia del Queso y el Salame Tandilero en Villa Onena, junto al Dique del Fuerte.

Logros colectivos
- Laboratorio de Calidad de Leche en la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UNCPBA, que mejora la eficiencia y la trazabilidad en tambos y fábricas.
- Capacitación integral de productores y trabajadores junto a la Fundación para el Desarrollo de la Cadena Láctea (FUNPel)
- Vínculo permanente con INTA e INTI, fortaleciendo la asistencia técnica y la innovación aplicada.
- Acceso a programas de financiamiento y cooperación internacional, que ampliaron la competitividad y la visibilidad del sector.
- Desarrollo de la marca colectiva que posicionó a Tandil como polo quesero nacional, con premios en Caminos y Sabores (2023 y 2025) para el Queso Banquete / Tandil.
El Clúster está integrado principalmente por pymes familiares que sostienen la tradición quesera de la región: Tandileofú, La Juanita, El Holandés, Don Atilio, Viejo Nacho, Maitilac, Aima, Tradición Inza, Blue Grass, 4 Esquinas, Maguari, Zampa, Doña Catalina, Nuevo Amanecer, Don Francisco, Don Mateo, Doña Cuchara y la Asociación Cooperadora Escuela Granja, entre otras.
Desarrollo con identidad
El Clúster Quesero de Tandil constituye un caso ejemplar de cómo las ideas pueden transformarse en realidades cuando existe voluntad de cooperación, confianza y apoyo institucional.
La conjunción entre tradición productiva, políticas públicas y compromiso asociativo permitió alcanzar resultados concretos: mejoras en la calidad, expansión de la producción, proyección internacional y fortalecimiento cultural.
Su recorrido demuestra que es posible generar círculos virtuosos de innovación y desarrollo territorial en la Argentina. Tandil lo logró, y hoy se consolida como un modelo inspirador para otras regiones que buscan transformar sus recursos locales en oportunidades de progreso compartido.
El Clúster y el modelo OVOP Tandil son hoy dos caras de un mismo proceso virtuoso: la cooperación público-privada como base del desarrollo territorial basado en identidad, innovación y comunidad.