El cáñamo (Cannabis sativa L.) es una planta anual perteneciente a la familia de las Cannabináceas que históricamente se ha utilizado como fuente de fibra para la industria textil y papelera, además de aplicaciones medicinales y alimentarias. En los últimos años, el interés por este cultivo se ha incrementado a nivel global debido a su carácter multipropósito y a su potencial para integrarse en sistemas productivos más sostenibles.
Los tallos del cáñamo poseen una capa externa compuesta por corteza y floema que representa entre el 30 y el 35 % del peso seco del tallo, con aproximadamente un 30 % de fibra (Zomers et al., 1995; Fassio et al., 2013). Esta característica lo convierte en una materia prima de interés para diversas industrias. Por su parte, los granos presentan un contenido promedio de proteína cercano al 29 % y hasta un 41 % de aceite, además de ser ricos en ácidos grasos esenciales, lo que les confiere valor nutricional tanto para alimentación humana como animal (Wringley et al., 2004; Callaway, 2004).
A estos atributos se suma la presencia de metabolitos secundarios bioactivos, como cannabinoides, terpenoides y flavonoides, que han despertado interés para aplicaciones farmacéuticas y biotecnológicas (Hazekamp et al., 2010). Diversos estudios también han explorado el uso de extractos de cáñamo como bioplaguicidas frente a nematodos, hongos e insectos (Mukhtar et al., 2013; Grewal, 1989; Zia et al., 2011), e incluso como potenciales herbicidas naturales (Flamini, 2012).
Un cultivo con múltiples aplicaciones
A nivel mundial, la superficie sembrada con cáñamo destinada a la producción de fibra alcanzó en 2021 unas 74.300 hectáreas, mientras que la destinada a la producción de grano fue de 11.421 hectáreas. Esto representó una producción de 287.318 toneladas de fibra y 5.566 toneladas de grano (FAO, 2023).
Además de sus múltiples usos industriales, el cultivo presenta ventajas agronómicas y ambientales.
Requiere niveles moderados de agua y pesticidas en comparación con otros cultivos, puede contribuir a la captura de dióxido de carbono y posee capacidad para desarrollarse en suelos degradados o contaminados (Aytac, 2018; Gryndler et al., 2008). Estas características lo posicionan como una alternativa interesante dentro de esquemas de producción sustentables.
En Argentina, el interés por este cultivo se vio impulsado recientemente con la aprobación de la Ley 27.699 en 2022, que habilita el cultivo de cáñamo industrial en el país. Esta normativa abre nuevas oportunidades para el desarrollo de cadenas de valor asociadas a la fibra, los granos y los extractos derivados de la planta.
Ensayos en Balcarce
En este contexto, el sudeste bonaerense aparece como una región con potencial para la incorporación de este cultivo. La zona posee una larga trayectoria en la adopción de cultivos extensivos y en la diversificación de los sistemas productivos (Andrade y Sadras, 2000).
Con el objetivo de generar información agronómica para su adaptación local, se realizó un ensayo en la localidad de Balcarce (37°50’ S; 58°15’ O) en el que se evaluaron doce cultivares de cáñamo (ESH1 a ESH12) con diferente potencial para la producción de biomasa de tallos y grano. La iniciativa surgió de una articulación público-privada entre la empresa EnviroSeed Company y la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Mar del Plata.
La siembra se realizó a mediados de noviembre de 2024 bajo un sistema convencional, con un objetivo productivo multipropósito. Se utilizó una densidad de 300 plantas por metro cuadrado y un distanciamiento entre hileras de 21 cm. Al momento de la siembra se aplicaron 100 kg/ha de fosfato diamónico y posteriormente, luego de la emergencia, se fertilizó con 120 kg/ha de urea al voleo.
Durante las primeras etapas del cultivo se observó una rápida cobertura del entresurco, lo que facilitó el manejo de malezas y permitió una adecuada implantación del cultivo (Figura 1).

Diferencias en la duración del ciclo
Los resultados evidenciaron una marcada variabilidad en la duración del ciclo de los cultivares evaluados (Figura 2). Algunos genotipos completaron su ciclo en poco más de 80 días, mientras que otros superaron los 120 días desde la siembra.

Las mayores diferencias se registraron en la fase vegetativa y en el período de llenado de granos, lo que tuvo impacto directo en la duración total del ciclo. La etapa de floración se produjo entre los 27 y 67 días desde la siembra según el cultivar (Figura 3).

Esta variabilidad resulta particularmente relevante desde el punto de vista productivo, ya que permite seleccionar materiales que maximicen el aprovechamiento de los recursos ambientales dentro del período libre de heladas característico del sudeste bonaerense.
Producción de biomasa y rendimiento en grano
Las diferencias en la fenología también se reflejaron en la producción de biomasa y en el rendimiento en grano a madurez fisiológica (Figura 4). En términos de biomasa, los rendimientos oscilaron entre 7.600 y 23.000 kg/ha, mientras que los rendimientos en grano se ubicaron entre 1.300 y 3.400 kg/ha.

A partir de estos resultados se pudieron identificar cultivares con aptitudes diferenciadas según el objetivo productivo. Los genotipos ESH010, ESH06 y ESH012 se destacaron por su mayor producción de biomasa, mientras que los cultivares ESH01, ESH06 y ESH04 presentaron mayores rendimientos en grano.
Estos datos resultan relevantes para orientar la selección de materiales en función del destino final del cultivo, ya sea para producción de fibra o para obtención de granos.
Altura de planta y cosecha
Otro aspecto evaluado fue la altura de planta al momento de la cosecha. Este parámetro adquiere importancia operativa debido a que la inflorescencia del cáñamo se ubica en posición apical, lo que puede influir en la eficiencia de cosecha con maquinaria convencional.
En el ensayo, la altura de los cultivares evaluados osciló entre 155 y 270 cm (Figura 5). Esta variabilidad indica que, al seleccionar materiales orientados a la producción de grano, también debe considerarse la altura final de la planta para garantizar una cosecha eficiente con los equipos disponibles.

Potencial para la diversificación productiva
Los resultados obtenidos muestran que existe una variación sustancial en la fenología, la producción de biomasa y el rendimiento en grano entre los cultivares evaluados en Balcarce. Esta diversidad genética constituye una herramienta clave para adaptar el cultivo a las condiciones ambientales y productivas de la región.
Asimismo, la identificación de materiales con diferente aptitud productiva permite avanzar en el desarrollo de estrategias de manejo orientadas a distintos objetivos industriales.
En este sentido, el cáñamo industrial se presenta como una alternativa interesante para la diversificación de los sistemas agrícolas del sudeste bonaerense. Su incorporación en las rotaciones podría contribuir a ampliar la base productiva regional, generar nuevas oportunidades de agregado de valor y fortalecer el desarrollo de cadenas agroindustriales emergentes.
A medida que se avance en la generación de información agronómica y en la adaptación de variedades a las condiciones locales, el cultivo de cáñamo podría consolidarse como una opción viable para productores de la región, tanto para la producción de fibra como de granos.