Suplementar la vaca en lactancia: impacto sobre la producción y la respuesta reproductiva

Suplementar la vaca en lactancia: impacto sobre la producción y la respuesta reproductiva

En sistemas de cría de la Cuenca del Salado, la suplementación energética de las vacas durante los primeros meses de lactancia permitió sostener el peso y la condición corporal de las madres, mejorar el crecimiento de los terneros y la respuesta ovárica durante el protocolo de IATF. Sin embargo, la ventaja obtenida durante la suplementación sobre la descendencia desapareció posteriormente y no se reflejó en el peso al destete. 

En los sistemas de cría de la Cuenca del Salado, el inicio de la lactancia coincide con una de las etapas más exigentes del ciclo productivo. Los partos se concentran hacia el final del invierno y los primeros meses de vida del ternero transcurren en un período en el que la disponibilidad de forraje puede resultar limitada, tanto en cantidad como en calidad. 

Frente a este escenario, la suplementación energética de las vacas puede ser una herramienta para sostener el estado nutricional de las madres y acompañar los requerimientos de la lactancia. El grano de maíz constituye una de las alternativas más utilizadas en la región por su disponibilidad y relación entre costo y aporte energético. 

Pero ¿qué efecto tiene esa suplementación sobre el crecimiento de los terneros? Un ensayo realizado por investigadores de la EEA Cuenca del Salado del INTA evaluó qué ocurrió cuando vacas Angus recibieron 4 kg diarios de grano de maíz entero durante los primeros meses de lactancia. Los resultados mostraron una respuesta positiva sobre el peso y la condición corporal de las madres y un mayor crecimiento de los terneros mientras se mantuvo la suplementación. Sin embargo, esa diferencia se diluyó durante el resto de la lactancia y no se tradujo en un mayor peso al destete. 

 

Una etapa crítica para vaca y ternero

Durante la primera mitad de la lactancia, la vaca debe afrontar simultáneamente sus propios requerimientos de mantenimiento y los asociados a la producción de leche. En los sistemas de cría pastoriles, este período adquiere particular importancia cuando la oferta de forraje todavía no acompaña plenamente las necesidades de los animales. 

La nutrición durante las primeras etapas de vida también puede tener consecuencias sobre el crecimiento posterior. La restricción nutricional temprana puede modificar el desarrollo de los tejidos muscular y adiposo y generar efectos de largo plazo sobre el crecimiento y la calidad de la carne (Bonnet et al., 2010). 

En este contexto, el ensayo realizado en la EEA Cuenca del Salado buscó determinar el efecto de una suplementación energética durante los primeros meses de lactancia sobre tres variables relacionadas: el estado corporal de las vacas, su peso vivo y el crecimiento de los terneros hasta el destete. 

El trabajo se desarrolló en la Colonia Ortiz Basualdo, en el partido de Ayacucho, y permitió comparar el comportamiento de vacas suplementadas con una situación sin suplementación durante una etapa concreta de la lactancia.

 

Ochenta días con grano de maíz 

Para el ensayo se utilizaron 72 vacas multíparas de raza Angus, todas preñadas mediante inseminación artificial a tiempo fijo (IATF) con semen de un mismo toro. A los 22 ± 4 días después del parto, los animales fueron distribuidos en 12 corrales, donde permanecieron durante 80 días. 

Durante ese período, todas las vacas tuvieron acceso ad libitum a heno de pastura de festuca, con 9,1 % de proteína bruta (PB), 53,1 % de digestibilidad in vitro de la materia seca (DIVMS) y 87,7 % de materia seca (MS). 

Los corrales fueron asignados al azar a dos tratamientos nutricionales. En el grupo suplementado, las vacas recibieron diariamente 4 kg por animal de grano de maíz entero, mientras que las vacas del grupo control no recibieron suplemento. 

El maíz utilizado presentó 8,9 % de PB, 87,5 % de DIVMS y 88,7 % de MS. 

Una vez finalizados los 80 días de alimentación a corral, ambos grupos fueron manejados conjuntamente sobre pastizal natural hasta el destete. Esta modalidad permitió evaluar no solo la respuesta inmediata a la suplementación, sino también qué ocurrió con las diferencias generadas durante ese período cuando los animales volvieron a compartir las mismas condiciones de alimentación. 

Durante el ensayo se registró el peso vivo (PV) y la condición corporal (CC) de las vacas al inicio y al finalizar el período de suplementación y nuevamente al destete. En los terneros se determinó el peso al nacimiento, al inicio y al final de la suplementación y al destete. 

El corral fue considerado la unidad experimental. Se utilizaron seis corrales por tratamiento y los datos fueron analizados mediante modelos mixtos, considerando el tratamiento nutricional y el sexo del ternero como efectos fijos y el corral como efecto aleatorio. El nivel de significancia estadística utilizado fue del 5 %. 

 

Las vacas suplementadas conservaron mejor su estado 

La primera respuesta se observó en las madres. Al inicio del ensayo, las vacas presentaron valores similares de peso vivo y condición corporal. El grupo control registró 419 kg y el suplementado 421 kg, mientras que ambos grupos presentaron una condición corporal promedio de 2,8 puntos. 

Después de los 80 días, las diferencias fueron claras. Las vacas que recibieron 4 kg diarios de maíz alcanzaron 418 kg, mientras que las del grupo control descendieron hasta 405 kg. La diferencia de peso entre tratamientos resultó estadísticamente significativa (P=0,04). 

La condición corporal mostró un comportamiento todavía más marcado. Las vacas control pasaron de 2,8 a 2,3 puntos, mientras que las suplementadas finalizaron el período con 2,7 puntos. La diferencia entre tratamientos fue significativa (P<0,01) (Tabla 1).

La diferencia, sin embargo, fue temporal. Después de finalizar la suplementación, ambos grupos continuaron juntos sobre pastizal natural y las vacas recuperaron peso y condición corporal. Al momento del destete, el peso vivo fue prácticamente idéntico: 428 kg para las vacas control y 426 kg para las suplementadas. La condición corporal también resultó igual, con 2,7 puntos en ambos tratamientos. 

El dato permite separar dos efectos. Por un lado, la suplementación permitió evitar la pérdida de peso y condición corporal durante el período de mayor demanda nutricional. Por otro, esa ventaja no permaneció hasta el destete una vez que ambos grupos volvieron a compartir las mismas condiciones de alimentación. 

 

La respuesta reproductiva también mostró diferencias 

Luego de 35 días de tratamiento nutricional, se evaluó la actividad ovárica mediante ecografía y se determinó la respuesta reproductiva de los animales sometidos a un protocolo de sincronización de la ovulación e inseminación artificial a tiempo fijo (IATF). 

La mejora en el estado nutricional de las vacas durante la lactancia temprana se reflejó en algunos indicadores de respuesta reproductiva. En el estudio, la suplementación con 4 kg diarios de maíz entero durante los primeros 35 días no modificó la proporción de vacas que presentaban cuerpo lúteo al inicio del protocolo reproductivo (23,2% en las suplementadas vs. 14,8% en las no suplementadas; P=0,44) (Tabla 2). Sin embargo, luego del protocolo de sincronización de la ovulación, las vacas suplementadas presentaron una mayor tasa de ovulación, alcanzando el 97,1%, frente al 77,5% registrado en las vacas no suplementadas (P=0,02). Asimismo, el área del cuerpo lúteo fue mayor en las vacas suplementadas (338,5 vs. 268,4 mm²; P=0,02).

Estos resultados indican que sostener el estado nutricional de las vacas durante la lactancia temprana puede favorecer su respuesta ovárica frente a un manejo reproductivo, particularmente aumentando la proporción de animales que ovulan y el desarrollo posterior del cuerpo lúteo. No obstante, en este estudio estas diferencias en la respuesta ovárica no se tradujeron en una diferencia estadísticamente significativa en la tasa de preñez por IATF (51,5% en las suplementadas vs. 46,7% en las no suplementadas; P=0,77), posiblemente al número reducido de animales utilizados. 

 

Más kilos en los terneros mientras duró el suplemento 

La respuesta de los terneros acompañó la mejora observada en las madres. Al inicio del período experimental, los pesos fueron similares: 52,4 kg en los terneros hijos de vacas control y 51,2 kg en los hijos de vacas suplementadas. La diferencia no fue significativa (P=0,49). 

La situación cambió durante los 80 días de suplementación. Al finalizar ese período, los terneros hijos de vacas suplementadas alcanzaron un peso promedio de 105,9 kg, frente a 97,4 kg en los terneros del grupo control. La diferencia fue de 8,5 kg y resultó estadísticamente significativa (P=0,02). 

La ganancia diaria de peso vivo durante la suplementación también fue superior en los terneros cuyas madres recibieron maíz. La GDPV fue de 0,684 kg/día en el grupo suplementado y de 0,557 kg/día en el control. Esto representa una diferencia de 127 gramos diarios a favor de los primeros (P<0,01) (Tabla 3).

El efecto desapareció después de retirar el suplemento. Durante el período posterior, la ganancia diaria de peso fue prácticamente idéntica entre tratamientos: 0,578 kg/día para los terneros control y 0,577 kg/día para los hijos de vacas suplementadas (P=0,99). 

Como consecuencia, la diferencia registrada al finalizar los 80 días tampoco se mantuvo hasta el destete. Los terneros del grupo suplementado llegaron con 181,9 kg, mientras que los del grupo control alcanzaron 176,6 kg. Aunque numéricamente hubo 5,3 kg de diferencia, el resultado no fue estadísticamente significativo (P=0,44). 

 

El sexo también influyó 

Además del tratamiento nutricional, el análisis consideró el sexo de los terneros. El peso al nacimiento fue mayor en los machos que en las hembras: 31,1 y 28,3 kg, respectivamente (P<0,01). 

Los machos también presentaron mayor peso al finalizar el período de suplementación, con una diferencia significativa al nivel del 5 % (P=0,05). En el resto de las variables evaluadas no se observaron diferencias significativas entre machos y hembras. 

Un dato relevante del ensayo es que no se detectó interacción entre tratamiento y sexo para ninguna de las variables analizadas (P>0,10). Esto indica que la respuesta a la suplementación no estuvo condicionada por el sexo del ternero. 

 

Una respuesta asociada al momento de la lactancia

Los resultados obtenidos muestran que la suplementación energética produjo una respuesta concreta durante una etapa determinada del ciclo productivo. El aporte de 4 kg diarios de maíz permitió que las vacas atravesaran los primeros 80 días de lactancia con menor pérdida de peso y condición corporal, y esa situación estuvo acompañada por una mayor ganancia de peso de los terneros. 

La diferencia de 127 gramos diarios en la ganancia de peso durante la suplementación no es menor desde el punto de vista productivo. Al finalizar ese período, los terneros hijos de vacas suplementadas pesaron 8,5 kg más que los del grupo control. 

Sin embargo, el comportamiento posterior introduce un elemento central para interpretar el resultado. Una vez que las vacas dejaron de recibir el suplemento y todos los animales fueron manejados conjuntamente sobre pastizal natural, los terneros de ambos grupos presentaron prácticamente la misma ganancia diaria de peso. 

El crecimiento compensatorio o la convergencia de las tasas de crecimiento posteriores hizo que la ventaja inicial se redujera hasta desaparecer estadísticamente al momento del destete. 

Por eso, los resultados no permiten asociar directamente la suplementación durante la lactancia temprana con un incremento del peso al destete. Su principal efecto en las condiciones de este ensayo fue sostener el estado corporal de las vacas durante un período de alta demanda y favorecer transitoriamente el crecimiento de los terneros. 

 

Qué aporta el resultado para la cría 

En términos de manejo, el ensayo aporta información para evaluar la suplementación energética en función del objetivo buscado. Si la decisión apunta a evitar una caída importante del estado corporal de las vacas durante la lactancia temprana, el aporte de 4 kg diarios de maíz mostró una respuesta positiva. 

En cambio, si el objetivo exclusivo es aumentar el peso de los terneros al destete, los resultados indican que el beneficio obtenido durante los primeros meses no necesariamente se conserva hasta ese momento. 

La diferencia es importante porque el valor de una estrategia de suplementación requiere considerar el momento en que se produce la respuesta, la disponibilidad de forraje, el costo del suplemento y el objetivo productivo del establecimiento. 

En el ensayo, la suplementación permitió mantener a las vacas en mejor estado corporal durante los primeros 80 días de lactancia. Una vez finalizado ese período, las condiciones de manejo comunes permitieron que las vacas control recuperaran peso y condición hasta alcanzar valores similares al destete. 

El resultado refuerza la importancia de analizar la suplementación dentro del ciclo completo de producción y no únicamente a partir de una medición intermedia. 

En los sistemas de cría de la Cuenca del Salado, donde el período de lactancia temprana coincide con una oferta forrajera que puede ser insuficiente para cubrir los requerimientos de las vacas, contar con información experimental permite ajustar la herramienta al momento y al propósito productivo. 

En este caso, el maíz funcionó como una fuente adicional de energía capaz de sostener el estado nutricional de las madres y mejorar temporalmente el crecimiento de sus crías. El efecto, sin embargo, fue acotado al período en que las vacas recibieron el suplemento. 

Como conclusión del trabajo, la suplementación energética con 4 kg de grano de maíz durante los primeros meses de lactancia evitó la pérdida de peso y condición corporal de las vacas y aumentó la ganancia de peso de los terneros durante ese período. Sin embargo, las diferencias desaparecieron posteriormente y no se reflejaron en el peso al destete.

 

Destacado

Cuatro kilos diarios de grano de maíz durante la lactancia temprana mejoraron el crecimiento de los terneros mientras las vacas recibieron el suplemento, pero no generaron diferencias de peso al destete. 

Bibliografía

Bonnet, M., Cassar-Malek, I., Chilliard, Y., & Picard, B. (2010). Ontogenesis of muscle and adipose tissues and their interactions in ruminants and other species. Animal, 4(7), 1093–1109. https://doi.org/10.1017/S1751731110000601

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