El sudeste bonaerense es la región núcleo de producción de papa en Argentina gracias a sus condiciones agroecológicas y su elevada especialización tecnológica. Para la campaña 2024/25 se estimaron 38.177 hectáreas implantadas, incluyendo papa para consumo fresco, industria y semilla. A su vez, la zona produce parte importante de la semilla básica nacional, con 3.153 hectáreas destinadas a este fin en 2021/22 (De Gerónimo et al., 2024).
Pero el manejo químico de malezas enfrenta un desafío creciente: la fitotoxicidad causada por residuos de herbicidas aplicados en campañas previas, un fenómeno conocido como carryover. A diferencia de los LMR (Límites Máximos de Residuos) definidos para alimentos, no existen valores de referencia que indiquen qué concentración en suelo puede considerarse segura para sembrar papa, uno de los cultivos más sensibles a este problema.
Factores que influyen en la fitotoxicidad en papa
El riesgo de que un herbicida residual cause fitotoxicidad en el cultivo de papa depende de la interacción de cuatro factores principales:
1.- Propiedades del herbicida
Adsorción, solubilidad en agua, potencial de ionización, dosis, formulación, presión de vapor, propiedades químicas y degradación microbiana determinan su persistencia.
2.- Condiciones del suelo
Suelos con mayor contenido de arcilla y materia orgánica suelen retener más moléculas, incrementando la adsorción y reduciendo residualidad y la lixiviación.
3.-Clima y ambiente
En zonas frías y húmedas —como ocurre en parte del sudeste bonaerense— se enlentece la degradación de los herbicidas, favoreciendo la acumulación de residuos activos en el suelo.
4.- Manejo agronómico y rotación
Las labores de preparación del suelo, el manejo del riego y la elección de la variedad de papa también influyen en el comportamiento de los herbicidas. Algunas variedades presentan mayor sensibilidad que otras a determinados modos de acción, y en rotaciones cortas o con escasas labores favorecen la acumulación residual de moléculas activas en el perfil edáfico.
Estos factores y sus interacciones dan cuenta de la complejidad que implica la fitotoxicidad residual. Por ello, la presencia de herbicidas en el suelo no responde a patrones simples ni predecibles: su impacto puede variar notablemente entre campañas e incluso entre lotes vecinos. La combinación entre las características del producto, las condiciones ambientales y el manejo agronómico genera escenarios heterogéneos, donde la experiencia local y el monitoreo permanente resultan esenciales para reducir riesgos.
Bioensayos y análisis de suelo: las herramientas más confiables
La complejidad que presenta la fitotoxicidad residual hace que ninguna herramienta por sí sola resulte suficiente para evaluar el riesgo real de carryover en un lote destinado a papa. El análisis químico de suelo permite identificar y cuantificar los herbicidas que permanecen activos en el perfil; sin embargo, en ausencia de umbrales oficiales que indiquen concentraciones seguras, la interpretación de esos valores resulta limitada. Por este motivo, el uso de bioensayos se vuelve indispensable, ya que permiten observar directamente la respuesta biológica del cultivo frente a los residuos detectados.
Los bioensayos consisten en sembrar tubérculos en muestras de suelo del lote a evaluar y monitorear el desarrollo de las plántulas bajo condiciones controladas. De este modo, se pueden identificar síntomas de fitotoxicidad que el análisis químico, por sí solo, no puede anticipar.
La combinación de ambas metodologías ofrece una perspectiva más completa y confiable (Tabla 1): mientras el análisis químico confirma la presencia y el nivel de residuos específicos, el bioensayo revela su impacto real sobre el cultivo. Integrar los resultados, en conjunto con la experiencia previa y el conocimiento del historial del lote, permite brindar un asesoramiento más preciso y decidir si el lote es apto para la siembra de papa o si es necesario recurrir a una rotación alternativa hasta alcanzar condiciones más seguras.
Tabla 1: Ante sospechas de carryover, el INTA recomienda un enfoque combinado:
| Herramienta | Qué aporta | Limitación |
| Análisis químico de suelo | Detecta y cuantifica residuos específicos en ppb (µg/kg) | No existen umbrales oficiales que definan riesgo |
| Bioensayos con tubérculos de papa | Evalúan el efecto biológico real sobre el cultivo | No identifican moléculas individuales |
| Interpretación integrada | Permite tomar decisiones sobre siembra, rotación o espera | Depende de experiencia técnica y antecedentes locales |
Esta complementación permite determinar si un lote es apto para papa o si conviene destinarlo a otro cultivo mientras avanza la degradación de residuos.
Herbicidas que generan mayor riesgo
1) Imidazolinonas
(Imazapir, imazetapir, imazamox, imazapic)
- Alta residualidad (hasta 24 meses en suelo)
- Degradación microbiana lenta
- Papa particularmente sensible
En ensayos realizados esta campaña se observaron síntomas de fitotoxicidad con concentraciones tan bajas como 0,10 ppb (µg/kg), incluyendo:
- menor crecimiento aéreo
- reducción de altura de plantas
- entrenudos más cortos
- marcada atrofia radicular
Figura 1. La relación dosis–respuesta fue evidente: a mayor residuo, mayor severidad

2) Sulfonilureas (SU)
(Clorimurón-etil y metsulfurón-metil)
Activos a dosis muy bajas (gramos/ha)
Alta movilidad en el perfil del suelo
Riesgo incluso por deriva de pulverización
Se documentaron daños vegetativos y reducción de tubérculos aún con residuos mínimos (Figuras 2 y 3).
Figura 2. Efecto de la presencia de clorimurón-etil en suelo: bioensayo de papa que muestra síntomas de fitotoxicidad frente a residuos del herbicida.

Figura 3. Efecto de la presencia de metsulfurón-metil en suelo: bioensayo de papa que muestra síntomas de fitotoxicidad frente al residuo del herbicida en distintas concentraciones.

Impacto económico
La fitotoxicidad por herbicidas residuales puede provocar:
- disminución de emergencia
- menor número de tubérculos por planta
- pérdidas de rendimiento y calidad comercial
- riesgos económicos en esquemas intensivos de rotación
En un cultivo con altos costos de implantación como la papa, evitar daños desde el inicio del ciclo es clave para garantizar márgenes positivos.
Recomendaciones técnicas del INTA Balcarce
- Consultar historial químico del lote antes de planificar la siembra.
- Priorizar rotaciones más largas tras uso de imidazolinonas o sulfonilureas.
- Realizar análisis de suelo + bioensayos en lotes con antecedente de uso.
- Considerar variedades con mayor tolerancia si existe riesgo.
- Evitar aplicaciones en condiciones que favorezcan deriva hacia lotes con papa.
Conclusión
La residualidad de herbicidas como imidazolinonas y sulfonilureas constituye un desafío técnico significativo para la producción de papa en el sudeste bonaerense y en las principales regiones productoras del país. Su alta persistencia y actividad a bajas concentraciones hacen que incluso residuos mínimos en el suelo puedan afectar la emergencia, el desarrollo vegetativo y la formación de tubérculos, generando pérdidas de rendimiento difíciles de anticipar. A esto se suma la ausencia de umbrales oficiales de seguridad en suelo, lo que obliga a productores y asesores a sostener estrategias preventivas de diagnóstico y manejo.
En este contexto, la diversificación creciente de las rotaciones, la incorporación de nuevos modos de acción y las mayores exigencias de control de malezas demandan mejorar las herramientas de monitoreo y evaluación disponibles. La integración de análisis químicos, bioensayos y criterios de rotación se presenta como una alternativa fundamental para minimizar riesgos, proteger el rendimiento y promover sistemas de producción más sustentables.
En un cultivo de alta inversión inicial como la papa, evitar pérdidas asociadas al carryover es clave no solo para garantizar la estabilidad económica de los sistemas productivos, sino también para avanzar hacia un uso más responsable de los fitosanitarios. Fortalecer la información técnica disponible, capacitar asesores y productores y avanzar en la construcción de parámetros de referencia contribuirá a reducir la incertidumbre en la toma de decisiones y a consolidar sistemas de producción de papa más resilientes, eficientes y seguros.