En la Región Pampeana Argentina (RPA), tradicionalmente, ha puesto foco en los macronutrientes que presentan más limitantes para la producción de trigo y cebada: nitrógeno (N), fósforo (P) y, en menor medida, azufre (S). No obstante, comienza a crecer la evidencia de que la escasa atención prestada a los micronutrientes —como el zinc (Zn)— está comenzando a pasar factura.
Los datos del laboratorio de suelos de la Estación Experimental Agropecuaria INTA Balcarce dan cuenta de un fenómeno preocupante: el 66% de los suelos de la RPA presentan actualmente niveles medios a bajos de Zn (Figura 1). Si bien la situación es conocida en el norte de la región, los nuevos análisis realizados en el sur de la provincia de Buenos Aires muestran una tendencia descendente que ya no puede ignorarse.

El zinc participa en procesos fisiológicos fundamentales de las plantas, como la fotosíntesis, la síntesis de proteínas, azúcares y almidón, el metabolismo de auxinas y el desarrollo de estructuras reproductivas, entre otros. Su deficiencia no solo afecta directamente el crecimiento y desarrollo del cultivo, sino que también puede reducir la eficiencia en la utilización del N y el P, dos nutrientes clave en los sistemas productivos actuales.
Sur bonaerense: preocupante descenso de zinc
La disponibilidad de Zn en los suelos del sur bonaerense se alinea con los valores observados en la Figura 1 para el año 2018. Sin embargo, un análisis más detallado —basado en un mayor número de muestras— revela una situación más preocupante: el 33% de los lotes analizados presentan concentraciones de zinc disponibles por debajo de 0,80 ppm, considerados niveles bajos a muy bajos (Figura 2). Este escenario representa un descenso significativo de disponibilidad del mineral respecto de los registros de 2011, donde los niveles de Zn en la zona eran, en su mayoría, medios a altos.

Diagnóstico: cómo detectar su deficiencia
El método más confiable para evaluar la disponibilidad de Zn en los suelos es el análisis de laboratorio de muestras tomadas en primeros 20 cm de profundidad, preferentemente en pre-siembra. Dada la alta variabilidad espacial de este nutriente, se recomienda un muestreo compuesto con 25 a 35 submuestras, utilizando un muestreador de acero inoxidable para evitar contaminaciones.
Un estudio desarrollado por la Unidad Integrada Balcarce reveló que cuando los niveles de Zn-DTPA son inferiores a 1 ppm, hay una alta probabilidad de respuesta positiva a la fertilización con zinc, con pérdidas de rendimiento que pueden alcanzar entre el 5% y el 15% si no se fertiliza (Figura 3). Estas mermas impactan no solo en la productividad, sino también en el uso eficiente del agua, la radiación solar y otros nutrientes clave como fósforo y nitrógeno.

La Tabla 1 ilustra las pérdidas de rendimiento esperadas según los niveles de Zn-DTPA y el rendimiento objetivo del lote. Por ejemplo, un suelo con 0,75 ppm de Zn y un objetivo de 7.000 kg/ha puede perder hasta 840 kg/ha, una cifra que excede ampliamente el costo de la fertilización con zinc, que ronda los 18 a 20 dólares por hectárea.
Tecnología de aplicación y dosis
La fertilización con zinc puede realizarse mediante mezclas sólidas, fertilizantes líquidos, tratamiento de semillas o aplicaciones foliares. En cultivos de trigo con rendimientos entre 5.000 y 8.000 kg/ha, la extracción de zinc por hectárea oscila entre 200 y 320 gramos, lo cual puede reponerse con dosis de entre 0,5 y 1 kg/ha de Zn.
Desde el INTA destacan que una estrategia interesante es la aplicación de zinc junto al fósforo, especialmente en formulaciones líquidas que recubren el fertilizante. Esto permite una distribución más eficiente del micronutriente y una rápida disponibilidad para el cultivo.
Además, fertilizar con zinc no solo apunta a reponer lo exportado, sino a elevar progresivamente los niveles en suelos que muestran valores por debajo de 0,8 ppm. Por su baja movilidad en el perfil, es estratégico lograr niveles de Zn-DTPA superiores a 1,3 ppm, con el objetivo de evitar limitaciones a futuro en los cultivos extensivos de la región.
Un dato no menos importante es que la aplicación de fertilizante fosfatado con Zn para una dosis de 500 a 600 g Zn/ha, en forma líquida recubriendo el fertilizante, tiene un costo adicional de 18 a 20 U$S, valor que es inferior al ingreso que se puede perder por no aplicar este nutriente cuando es necesario, según lo mostrado en la Tabla 1.
Una alerta para anticiparse
El sur bonaerense, históricamente fuera del radar de las deficiencias de zinc, muestra hoy señales claras de un cambio negativo en la disponibilidad de este micronutriente. Invertir en diagnóstico y en estrategias de reposición inteligentes puede evitar pérdidas económicas importantes, mejorar la eficiencia del uso de los insumos y sostener el potencial productivo de los suelos de la región.
En un contexto donde cada insumo cuenta, el zinc emerge como un nuevo protagonista en la agronomía del sur bonaerense, con diagnósticos accesibles y costos razonables que permiten anticiparse y optimizar la producción.