Los nematodos fitoparásitos son una de las principales causas de pérdida de productividad y sanidad en los cultivos hortícolas bonaerenses. Estos microorganismos infestan las raíces, formando agallas que obstaculizan la absorción de agua y nutrientes. Las consecuencias son visibles en el debilitamiento de las plantas y en la reducción de los rendimientos. Aunque muchas veces su impacto pasa inadvertido, se estima que estos patógenos reducen la producción agrícola mundial entre un 12 y un 20 % (Ducet y Lax, 2007).

Tradicionalmente, el control de los nematodos se abordó mediante productos químicos. Sin embargo, su uso intensivo genera impactos negativos en el ambiente, afecta la biodiversidad del suelo y conlleva riesgos para la salud humana. Ante este escenario, el INTA Balcarce, en articulación con el CONICET, impulsa estrategias basadas en el manejo biológico para reducir la dependencia de los nematicidas.
Los agentes biológicos constituyen una herramienta clave dentro del manejo integrado de enfermedades. En la horticultura, donde los sistemas son intensivos y la presión de plagas es alta, su incorporación permite reducir el uso de agroquímicos y mejorar la salud del suelo a largo plazo.
Bacterias que protegen las raíces
Entre los organismos con potencial biocontrolador se encuentran bacterias nativas de los géneros Pseudomonas y Bacillus, conocidas por su capacidad para estimular el crecimiento vegetal y activar los mecanismos de defensa de las plantas. En ensayos realizados sobre lechuga (Lactuca sativa) y tomate (Lycopersicon esculentum), cepas fluorescentes de Pseudomonas (TAE4 y MME3) y de Bacillus (B9T y B19S) lograron reducir la eclosión de huevos y la supervivencia de larvas del nematodo Meloidogyne javanica —una de las especies más dañinas— (Borrajo et al., 2021).
Las plantas inoculadas con estas rizobacterias presentaron menor número de agallas y masas de huevos en las raíces (Borrajo et al., 2022), lo que demuestra su capacidad de limitar la infestación. Sin embargo, la inoculación bacteriana no compensó completamente las pérdidas de peso aéreo causadas por el nematodo, lo que indica que estas estrategias aún requieren ajustes metodológicos y evaluaciones en distintas condiciones de cultivo.

Hongos benéficos: aliados invisibles
Otra línea de trabajo exploró el rol de los hongos del género Trichoderma y de los formadores de micorrizas arbusculares como controladores biológicos de nematodos. En estudios (Covacevich et al., 2025), las cepas Trichoderma IB-T363 y IB-TJ15 redujeron hasta un 22 % la eclosión de huevos de M. javanica en condiciones in vitro.
Cuando se aplicaron en semillas de tomate, solas o en combinación con micorrizas nativas, ambas cepas redujeron significativamente la formación de agallas y masas de huevos en raíces infectadas. Además, la doble inoculación permitió conservar la diversidad de hongos micorrícicos, que suele disminuir ante la presencia del nematodo. Este hallazgo es importante porque la diversidad microbiana del suelo está directamente relacionada con su equilibrio biológico y con la capacidad de los cultivos para mantenerse sanos frente a distintas enfermedades.

Formulados en desarrollo
El equipo de investigadores del INTA Balcarce, FCA (UNMdP) y CONICET también realizó ensayos con formulaciones poliméricas de quitosano y almidón como soporte para vehiculizar bacterias y consorcios microbianos (por ejemplo, Pseudomonas fluorescens TAE4 y Azospirillum argentinense Az39). Aunque los resultados iniciales no mostraron una reducción significativa de las poblaciones de nematodos, la línea de trabajo abre nuevas perspectivas en la tecnología de inoculantes biológicos (Yomha et al., 2023).
Los formulados microbianos buscan asegurar la viabilidad de los microorganismos durante el almacenamiento y facilitar su aplicación a campo. Se trata de una línea de investigación estratégica para generar productos comerciales estables, fáciles de usar y adaptados a las condiciones productivas locales.
Hacia un manejo sostenible
Los resultados obtenidos por los equipos del INTA y del CONICET confirman que el control biológico basado en microorganismos nativos (bacterias y hongos) puede ser una estrategia eficaz y ambientalmente segura para enfrentar las pérdidas ocasionadas por nematodos fitoparásitos. Sin embargo, su adopción requiere una visión integral que combine distintas estrategias: selección de lotes libres de patógenos, rotación de cultivos, uso de enmiendas orgánicas y elección de variedades resistentes.
El conocimiento generado permite avanzar hacia un modelo hortícola más sustentable, con prácticas de menor impacto ambiental y una mejor conservación de la fertilidad biológica del suelo. Los agentes biológicos no sólo representan una opción técnica viable, sino también un paso concreto hacia sistemas productivos más equilibrados y competitivos.