Trigo y cebada ocupan un rol central en los planteos agrícolas del sur bonaerense y otras regiones templadas de la Argentina. Sin embargo, en muchos casos los rendimientos obtenidos distan significativamente de su potencial. De acuerdo con trabajos realizados por el Grupo Relación Suelo-Cultivo de la Unidad Integrada Balcarce (INTA-FCA UNMdP), los cereales de invierno presentan rendimientos entre un 30% y un 40% por debajo del óptimo en planteos de secano, y la principal causa está en la nutrición: un manejo deficiente del nitrógeno (N).
Este nutriente es esencial para el desarrollo del cultivo, especialmente durante el período crítico de fijación de granos. Para alcanzar una producción de 5.000 kg/ha, se estima que el cultivo necesita acumular entre 140 y 150 kg/ha de nitrógeno en su biomasa aérea. Cuando este requerimiento no se satisface, se ven afectadas tanto el rendimiento como la calidad del grano, en especial su contenido de proteína.
Diagnóstico: el primer paso para fertilizar bien
Para ajustar eficientemente la dosis de N, es clave evaluar la oferta del suelo. El análisis tradicional consiste en medir la concentración de nitrato (N-NO₃⁻) en los primeros 60 cm de suelo antes de la siembra. A su vez, se recomienda dividir el muestreo en tres estratos: 0–20 cm, 20–40 cm y 40–60 cm.
Sin embargo, la disponibilidad real de nitrógeno no solo depende de lo presente en forma de nitrato. También influyen el cultivo antecesor y la mineralización del nitrógeno orgánico, un proceso que libera N a medida que avanza el ciclo. Para estimar este componente, se ha validado una técnica conocida como Nan, que mide el amonio liberado en incubaciones anaeróbicas de siete días. Según investigaciones realizadas por Sainz Rozas y Reussi Calvo (2024), la combinación de N-NO₃⁻ inicial y Nan explicó hasta el 58% de la variabilidad del rendimiento en ensayos sin fertilización nitrogenada (Figura 1).

Fuente: Grupo Relación Suelo Cultivo – Unidad Integrada Balcarce (INTA – FCA UNMdP)
¿Cómo calcular la dosis?
La dosis de nitrógeno a aplicar dependerá de la oferta inicial del suelo, del rendimiento objetivo, del contenido proteico deseado, de la eficiencia del uso del nutriente y del cultivo antecesor. La Tabla 1 muestra dos escenarios con igual contenido inicial de nitrato (60 kg/ha) y distinta capacidad de mineralización (Nan), simulando un suelo degradado y otro de buena salud.
Además, se debe considerar el efecto del cultivo antecesor. Si fue maíz, se recomienda adicionar entre 50 y 90 kg N/ha. Si fue otro cereal (como trigo o cebada), la corrección sugerida es de 30 a 40 kg N/ha.
Fraccionar el nitrógeno: una estrategia para un uso eficiente del nitrógeno
Ensayos realizados en el sudeste bonaerense indican que fraccionar la dosis de N mejora la eficiencia del uso del nutriente. El planteo que ha demostrado ser más eficiente consiste en aplicar una parte al comienzo del macollaje y otra en el estadio de uno a dos nudos. Este enfoque tiene varias ventajas:
- Reduce el riesgo de pérdidas de N al inicio del ciclo.
- Permite ajustar la dosis en función del potencial de rendimiento, considerando cómo evolucionan las condiciones climáticas.
Cuando se aplica esta estrategia de fraccionamiento, es clave ajustar la dosis en el momento del primer o segundo nudo, etapa en la que el cultivo ya expresa en parte su potencial y la demanda de N es más predecible. En esta etapa se puede usar una herramienta útil para definir la necesidad de una segunda aplicación: el índice de verdor (IV). Este índice se calcula como el cociente entre la lectura de clorofila (NDVI o similar) del lote y la lectura de una franja de suficiencia de N. Los valores del IV se expresan entre 0 y 1. Valores superiores a 0,92–0,93 indican que no conviene re-fertilizar, mientras que valores por debajo de ese umbral sugieren que puede haber respuesta rentable al N (Figura 3).


Una mirada integral: productividad, ambiente y sustentabilidad
Mejorar la eficiencia en el uso del nitrógeno no solo tiene efectos productivos y económicos, sino también ambientales. Aplicar la dosis justa en el momento adecuado reduce el riesgo de contaminación por nitratos y disminuye la huella de carbono de los sistemas agrícolas, en línea con las metas de sostenibilidad que cada vez cobran más relevancia en los mercados internacionales.
En síntesis, un manejo integral de la nutrición nitrogenada en cereales de invierno, basado en diagnóstico preciso, estrategias de fraccionamiento y herramientas de monitoreo, permite alcanzar más rendimiento, mejor calidad y mayor sostenibilidad ambiental.