En un contexto global en el que el uso responsable de los antibióticos se ha convertido en un tema prioritario, el hallazgo de soluciones alternativas cobra una importancia estratégica. Un equipo de investigación conformado por profesionales de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNCPBA) y del INTA Balcarce acaba de dar un paso significativo en esa dirección. A través de un riguroso trabajo de laboratorio, lograron aislar e identificar una cepa local de Lactobacillus reuteri, una bacteria con reconocido potencial probiótico, a partir del tracto intestinal de pollos parrilleros criados en Tandil, provincia de Buenos Aires.
El hallazgo, recientemente publicado en la Revista de Medicina Veterinaria (Alonso et al., 2024), abre nuevas posibilidades para el desarrollo de suplementos probióticos nacionales destinados a la avicultura, contribuyendo al reemplazo de antibióticos promotores de crecimiento (APC), práctica aún extendida pero cada vez más cuestionada.
Bacterias buenas: la ciencia detrás del probiótico
Los probióticos son microorganismos vivos que, administrados en cantidades adecuadas, confieren beneficios a la salud del hospedador. En producción animal, su uso apunta a mejorar la digestión, fortalecer la inmunidad y desplazar patógenos, con el valor agregado de que no generan residuos en la carne, leche, huevos u otros productos de origen animal ni favorecen la resistencia antimicrobiana, como sí ocurre con el uso indiscriminado de antibióticos.
Particularmente, las bacterias ácido-lácticas del género Lactobacillus se han posicionado como candidatas ideales para tal fin, por su capacidad de adaptarse al tracto gastrointestinal (TGI) de distintas especies animales y por su perfil de seguridad. Entre ellas, Lactobacillus reuteri destaca por su capacidad de producir una sustancia denominada reuterina, con potente efecto antimicrobiano frente a diversas bacterias patógenas.
En ese marco, el equipo de investigación se propuso un objetivo ambicioso: aislar cepas de Lactobacillus a partir del íleon —la porción final del intestino delgado— de pollos parrilleros criados en condiciones comerciales en el sudeste bonaerense. La hipótesis de base era clara: las cepas nativas tendrían mayores posibilidades de adaptación al ambiente productivo local, aumentando su eficacia como probióticos en comparación con las formulaciones importadas.
El estudio partió del análisis de muestras intestinales de 36 pollos parrilleros (Cobb 500), de diferentes edades, criados en el partido de Tandil, Argentina. A partir de esas muestras cultivaron distintas bacterias en el laboratorio y seleccionaron aquellas que, por su forma y características bioquímicas, parecían ser del género Lactobacillus.
Luego, realizaron pruebas para evaluar si estas bacterias cumplían con los requisitos básicos de un buen probiótico:
- Tolerancia térmica: crecimiento a 20 °C, 37 °C y 45 °C.
- Resistencia a altas concentraciones de sales biliares, que se encuentran naturalmente en el intestino.
- Capacidad de sobrevivir en condiciones ácidas, como las que existen en el estómago.
- Actividad antimicrobiana, es decir, su capacidad para inhibir el crecimiento de bacterias dañinas como Salmonella.
El hallazgo: una cepa destacada
Una de las cepas aisladas superó con éxito todas las pruebas, destacándose por resistencia y versatilidad. Tal como se describe en el artículo científico (Alonso et al., 2024), esta bacteria logró desarrollarse en todo el rango de temperaturas evaluado, sobrevivió sin dificultad en medios biliares al 15%, resistió ambientes ácidos (especialmente con un pH de 2, muy similar al del estómago), y mostró actividad antimicrobiana inhibiendo el crecimiento de dos bacterias patógenas importantes en aves: Salmonella ser. Enteritidis y Salmonella gallinarum. (Figura 1)

Mediante técnicas genéticas (PCR), se confirmó que esta cepa era Lactobacillus reuteri, una especie reconocida por su producción de “reuterina”, una sustancia con fuerte efecto antimicrobiano. (Figura 2)

El aislamiento de una cepa autóctona de Lactobacillus reuteri representa una oportunidad estratégica para la producción avícola nacional. En la actualidad, la mayoría de los probióticos utilizados en Argentina son importados, lo que no solo encarece los costos, sino que también implica que muchas de estas cepas fueron originalmente desarrolladas para otras especies o condiciones productivas, afectando su rendimiento, lo que puede disminuir su eficacia en la producción avícola local.
Además, la presión regulatoria y el cambio de percepción social respecto al uso de antibióticos en animales de consumo humano están llevando a una búsqueda activa de alternativas. Desde 2006, la Unión Europea prohibió el uso de APC, y varios países de América Latina —incluida Argentina— avanzan en políticas que desalientan su uso, especialmente en animales destinados al consumo masivo como el pollo. Por lo tanto, surge la necesidad de buscar nuevas herramientas para reemplazarlos y el uso de los probióticos es una de ellas.
En ese marco, la posibilidad de contar con cepas probióticas locales, eficaces y adaptadas, no solo es un aporte al conocimiento científico de la medicina veterinaria, sino también una herramienta concreta para productores, empresas y formuladores de alimentos balanceados.