Insectos benéficos: aliados de una producción sustentable en el cultivo de espárrago

Insectos benéficos: aliados de una producción sustentable en el cultivo de espárrago

En relevamientos realizados durante 2025 en una plantación de espárrago de Azul se registró una mayor presencia de organismos benéficos que de fitófagos. El seguimiento, iniciado en 2017, aporta información para fortalecer el manejo integrado de plagas y conservar enemigos naturales dentro del agroecosistema. 

Relevamientos realizados durante 2025 en una plantación de espárrago de Azul registraron una mayor presencia de organismos benéficos que de fitófagos. Entre los primeros se identificaron la vaquita predadora Eriopis connexa, la mosca sírfida Allograpta exotica y la avispa parasitoide Aphidius colemani, esta última asociada a pulgones parasitados. El resultado aporta una nueva evidencia para pensar el manejo sanitario del cultivo desde el monitoreo y la conservación de los enemigos naturales. 

El seguimiento es realizado por el grupo de Zoología Agrícola de la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNCPBA), en la Chacra Experimental ubicada en el partido de Azul. Los relevamientos comenzaron en 2017 y se mantienen durante las distintas etapas del ciclo del cultivo, con observaciones sobre los organismos perjudiciales y benéficos asociados al espárrago. 

La información acumulada permite distinguir entre la presencia de organismos potencialmente perjudiciales y la ocurrencia de daños capaces de comprometer la producción. En el período 2017-2021 se identificaron 19 especies de invertebrados: 15 consideradas perjudiciales y cuatro benéficas. A pesar de esa diversidad, los fitófagos se mantuvieron en bajas cantidades y no provocaron daños de importancia económica en las condiciones evaluadas (Martinoia et al., 2022). 

 

Un seguimiento que comenzó en 2017 

El monitoreo contempla tanto el período de cosecha como la etapa vegetativa del cultivo. Durante la cosecha se realizan observaciones sobre los turiones, mientras que en otros momentos del ciclo se utilizan trampas atractivas de color amarillo y azul y trampas de caída o pitfall. Estas herramientas permiten registrar los organismos presentes y conocer cómo varía la comunidad de invertebrados asociada al cultivo.  

El objetivo es construir información sobre la riqueza específica y la presencia relativa de organismos perjudiciales y benéficos. Este seguimiento adquiere particular importancia en un cultivo como el espárrago, donde la identificación de un insecto o de otro invertebrado sobre la planta no implica necesariamente que exista una plaga capaz de generar pérdidas productivas. 

Los resultados obtenidos en Azul durante los primeros años de monitoreo mostraron precisamente esa situación. Si bien se registró una diversidad de organismos fitófagos, ninguno alcanzó niveles que afectaran económicamente la producción. El relevamiento también permitió detectar enemigos naturales capaces de alimentarse de insectos perjudiciales o parasitarlos, lo que amplía la información disponible para el manejo del cultivo (Martinoia et al., 2022). 

 

Los benéficos registrados en 2025 

Durante el ciclo productivo 2025, los relevamientos mostraron una mayor presencia de organismos benéficos en relación con los perjudiciales. Entre ellos se registraron adultos y oviposiciones de Eriopis connexa, larvas y adultos de Allograpta exotica y la avispa parasitoide Aphidius colemani (Figuras 1, 2 y 3). 

La detección de A. colemani se realizó a partir de la presencia de momias de Macrosiphum euphorbiae, uno de los pulgones registrados en el cultivo. Las momias son pulgones parasitados cuyo cuerpo se hincha y modifica su aspecto como consecuencia del desarrollo de la larva del parasitoide. Una vez completado ese proceso, el adulto emerge dejando un orificio circular en el cuerpo del hospedador (De Bach, 1985). 

 

La presencia de estos tres organismos permite observar diferentes formas de acción de los enemigos naturales dentro del cultivo. Eriopis connexa es un coccinélido depredador cuyos adultos y larvas consumen principalmente pulgones, aunque también pueden alimentarse de otros artrópodos de cuerpo blando y huevos de insectos. Su capacidad de consumir pulgones ha sido estudiada en diferentes condiciones y sustenta su interés como agente de control biológico (De Matos et al., 2022). 

Allograpta exotica, por su parte, pertenece a la familia Syrphidae. Los adultos se alimentan de polen y néctar, mientras que sus larvas son depredadoras de pulgones y otros artrópodos de cuerpo blando. Estudios recientes evaluaron su capacidad de consumo sobre distintas presas y aportaron información sobre su potencial como agente de control biológico (Maza et al., 2024). 

El caso de Aphidius colemani es diferente. Se trata de un parasitoide utilizado en programas de control biológico de pulgones. La hembra coloca un huevo en el interior del hospedador y la larva se desarrolla allí hasta provocar su muerte. El resultado visible es la denominada momia, a partir de la cual emerge posteriormente el adulto del parasitoide. 

En los relevamientos de Azul, se encontró A. colemani asociado a escasos individuos de Macrosiphum euphorbiae. La observación es relevante porque muestra una interacción concreta entre una especie fitófaga y uno de sus enemigos naturales dentro del cultivo. 

 

Conocer antes de intervenir 

El Manejo Integrado de Plagas (MIP) parte de una premisa sencilla: la presencia de un organismo perjudicial no determina por sí sola la necesidad de aplicar una medida de control. El objetivo es mantener sus poblaciones por debajo del nivel en el que puedan producir un daño económico, considerando las características del cultivo, los costos del control, la eficacia de las medidas disponibles y las condiciones del agroecosistema.  

En este esquema, el monitoreo ocupa un lugar central. Permite conocer qué organismos están presentes, en qué momento del ciclo aparecen y cuál es su comportamiento poblacional. La información obtenida también permite detectar la presencia de enemigos naturales que pueden contribuir a regular las poblaciones de fitófagos.  

El relevamiento realizado en Azul aporta elementos en esa dirección. Entre 2017 y 2021 se detectaron 19 especies de invertebrados, pero la presencia de los organismos perjudiciales fue escasa y no se tradujo en daños de importancia productiva (Martinoia et al., 2022). Los registros de 2025 agregan la observación de una mayor presencia de organismos benéficos, entre ellos depredadores y un parasitoide. 

La información no permite atribuir exclusivamente a estos enemigos naturales la baja incidencia de los fitófagos. Sí permite reconocer que forman parte de la comunidad de organismos asociada al cultivo y que su conservación puede incorporarse al diseño de estrategias de manejo. 

 

El ambiente también forma parte del manejo 

La conservación de enemigos naturales requiere considerar las condiciones que les permiten permanecer y completar sus ciclos de vida. La disponibilidad de alimento, refugio y sitios de reproducción puede modificar la composición de la comunidad de organismos presentes en un agroecosistema. 

En los ensayos de espárrago de Azul se utilizan cultivos de cobertura de avena en los caminos laterales de la plantación. Estas áreas aportan vegetación adicional al sistema y pueden contribuir a generar condiciones favorables para distintos organismos. 

La estrategia puede complementarse con áreas de refugio sin disturbar, conservación de vegetación espontánea o incorporación de mezclas de gramíneas, leguminosas y plantas floríferas o aromáticas. Estos espacios pueden ofrecer polen y néctar para los adultos de algunos enemigos naturales, además de refugio y disponibilidad de huéspedes o presas. 

La relación entre biodiversidad vegetal y control biológico constituye un área de estudio que busca comprender cómo las características del ambiente productivo influyen sobre las interacciones entre plagas y enemigos naturales. La conservación de hospedadores alternativos y otros recursos puede favorecer la permanencia de organismos benéficos en los agroecosistemas (Cortez-Madrigal y Gutiérrez-Cárdenas, 2023). 

En el caso particular de Allograpta exotica, por ejemplo, los adultos utilizan polen y néctar, mientras que las larvas desarrollan una función depredadora. La disponibilidad de recursos florales puede, por lo tanto, formar parte de las condiciones que sostienen a estos organismos dentro del sistema productivo. 

Del registro a una estrategia de manejo

El control biológico constituye uno de los componentes del Manejo Integrado de Plagas. Su incorporación no implica reemplazar una herramienta por otra de manera automática, sino integrar diferentes prácticas a partir del conocimiento de las poblaciones presentes y de su relación con el cultivo. 

En este enfoque pueden combinarse prácticas culturales, materiales vegetales con determinadas características, monitoreo, conservación de enemigos naturales y otras herramientas de control cuando sean necesarias (Zepeda-Jazo, 2018). El objetivo es intervenir de acuerdo con la situación observada y evitar medidas que no aporten beneficios productivos o sanitarios. 

El control biológico es uno de los pilares ecológicos del MIP (Kogan, 2017). Esta perspectiva otorga importancia no solo a la identificación de los organismos perjudiciales, sino también al conocimiento de las especies que pueden contribuir a regular sus poblaciones. 

Los resultados obtenidos en el espárrago de Azul permiten trasladar ese principio a una situación productiva concreta. El monitoreo histórico mostró una baja incidencia de fitófagos y ausencia de daños económicamente relevantes, mientras que durante 2025 se observó una mayor presencia de organismos benéficos. La combinación de ambos resultados refuerza la importancia de seguir observando el cultivo antes de tomar decisiones de control. 

El desafío consiste en transformar esa información en prácticas de manejo. Para ello resulta necesario sostener los relevamientos periódicos, identificar tempranamente los organismos presentes y conservar las condiciones que favorezcan a sus enemigos naturales. 

La producción sustentable incorpora así una dimensión que comienza con una decisión básica: conocer qué ocurre dentro del cultivo. En el espárrago, los relevamientos realizados en Azul muestran que junto a los organismos potencialmente perjudiciales existe una comunidad de depredadores y parasitoides que merece ser reconocida y conservada como parte del agroecosistema.

Destacado

La presencia de depredadores y parasitoides en el cultivo permite incorporar el control biológico como parte de una estrategia de manejo basada en el monitoreo y la conservación de la biodiversidad.

Bibliografía

Cortez-Madrigal, H. y Gutiérrez-Cárdenas, O.G. (2023). Enhancing biological control: conservation of alternative hosts of natural enemies. Egyptian Journal of Biological Pest Control, 33, 25. https://doi.org/10.1186/s41938-023-00675 

De Bach, P. (1985). Control biológico de las plagas de insectos y malas hierbas. CECSA. 

De Matos, S.T.S., Savi, P.J., Melville, C.C., Dos Santos Cividanes, T.M., Cividanes, F.J. y de Andrade, D.J. (2022). Suitability of spider mites and green peach aphids as prey for Eriopis connexa (Germar) (Coleoptera: Coccinellidae). Scientific Reports, 12, 8029. https://doi.org/10.1038/s41598-022-12078-8 

Kogan, M. (2017). Exploring synergisms of biocontrol and plant resistance in level III IPM. Conferencia inaugural, XV SICONBIOL, Ribeirão Preto, São Paulo, Brasil. 

Martinoia, G.I., Otaño, A.C., Wynne, J., Castagnino, A.M., Díaz, K.E. y Rosini, M.B. (2022). Invertebrados perjudiciales y benéficos en espárragos (Asparagus officinalis L.) Azul, provincia de Buenos Aires, Argentina. Horticultura Argentina, 41(106), 144-167. 

Maza, N., Páez-Jerez, P.G., Bressán, E., Funes, C.F. y Kirschbaum, D.S. (2024). Consumption and preference rates of the various larval stages of Allograpta exotica as biological control agents of Myzus persicae and Frankliniella gemina. Entomologia Experimentalis et Applicata, 172, 553-562. 

Zepeda-Jazo, I. (2018). Manejo sustentable de plagas agrícolas en México. Agricultura, Sociedad y Desarrollo, 15(1), 99-108.

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