La vitivinicultura bonaerense ha experimentado un marcado proceso de recuperación y consolidación desde la derogación de la Ley Nacional 12.137 en 1998, que durante más de seis décadas limitó el desarrollo de la actividad fuera de la región cuyana. Aunque históricamente relegada frente a Mendoza y San Juan, la Provincia de Buenos Aires ha transitado una transformación estructural que la llevó de experiencias productivas aisladas a un sector profesionalizado, orientado a la elaboración de vinos de calidad con identidad territorial propia y fuerte vinculación con el enoturismo. Entre 2015 y 2024, la superficie cultivada con vid creció cerca de un 50%, en contraste con la retracción observada a nivel nacional, impulsada por nuevas inversiones, el apoyo institucional brindado por la Ley Provincial 15.404 y la búsqueda de diferenciación a través de los denominados “vinos de mar y sierras”. En este contexto, las Indicaciones Geográficas reconocidas en localidades como Villa Ventana, Chapadmalal, Balcarce y Tandil han contribuido a fortalecer la identidad y el posicionamiento de estos vinos, cuyas características están estrechamente vinculadas a las condiciones agroecológicas y a la influencia oceánica del territorio bonaerense.