La vitivinicultura del sudeste bonaerense avanza paso a paso en una región donde las condiciones naturales ponen a prueba la adaptabilidad de la vid. En el pedemonte serrano de Tandil, donde los suelos pueden alcanzar los 20 centímetros de profundidad antes de toparse con la roca madre, el estrés hídrico es un límite tan real como frecuente. Sin embargo, un estudio desarrollado por investigadores de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Mar del Plata muestra que existen herramientas agronómicas capaces de mitigar ese impacto y sostener la producción con criterios de sustentabilidad: los portainjertos tolerantes a deficiencia hídrica.

El trabajo, llevado adelante en un viñedo de la localidad de Tandil, evaluó el comportamiento de la variedad Syrah injertada sobre dos portainjertos con características contrastantes: el 101-14 MGt, considerado poco tolerante al déficit hídrico, y el 1103 Paulsen, ampliamente reconocido por su resistencia a la sequía (Polifroni, 2025). Los resultados fueron elocuentes: bajo condiciones de secano, el Syrah injertado sobre 1103 Paulsen duplicó el rendimiento obtenido con 101-14 MGt.
Un ambiente exigente para la vid
El sudeste bonaerense ha sido reconocido por el Instituto Nacional de Vitivinicultura con tres indicaciones geográficas: Chapadmalal, Balcarce y Tandil, reflejo de la creciente diferenciación de los vinos de la región. Según Godoy y Gancedo Desgens (2022), desde el punto de vista vitícola el territorio se divide en dos ambientes principales: el costero y el serrano. En el pedemonte la escasa profundidad del suelo limita la capacidad de almacenamiento de agua, lo que vuelve vulnerables a las vides cultivadas en secano.
Frente a este escenario, el uso de portainjertos adaptados al estrés hídrico emerge como una estrategia clave. “No solo aportan resistencia a la filoxera —explica Godoy— sino también características agronómicas que pueden marcar la diferencia, como tolerancia a sequía, control del vigor o resistencia a nematodos”.
Ensayo en Tandil: dos sistemas radicales, dos comportamientos
En el experimento realizado sobre un suelo somero típico del sistema de Tandilia, las diferencias entre los portainjertos fueron notorias desde las primeras etapas del crecimiento. Las plantas injertadas sobre 1103 Paulsen desarrollaron brotes casi tres veces más largos y produjeron un área foliar diez veces mayor que las injertadas sobre 101-14 MGt. Este mayor desarrollo vegetativo se tradujo en una mejor captación de luz y una mayor producción de fotoasimilados, esenciales para el llenado de las bayas.
En contraste, las plantas con 101-14 MGt mostraron una respuesta adaptativa al déficit hídrico: menor tamaño de hojas y defoliación temprana, mecanismos que reducen la transpiración para evitar daños irreversibles por embolismo, un fenómeno que interrumpe la conducción de agua dentro de la planta.
Fisiología y rendimiento
Las mediciones fisiológicas mostraron diferencias en la temperatura de las hojas. Las plantas injertadas sobre 1103 Paulsen presentaron una mayor diferencia térmica con el aire, lo que sugiere un cierre estomático más eficiente para conservar el agua, mecanismo característico de las vides con mayor control hídrico (Hugalde y Vila, 2014; Gambetta et al., 2024).

En términos productivos, los resultados fueron contundentes: el número de bayas por racimo, el peso promedio de baya y el rendimiento estimado por planta fueron significativamente superiores en el portainjerto 1103 Paulsen. En valores absolutos, la producción pasó de 2.980 kg/ha con 101-14 MGt a 6.060 kg/ha con 1103 Paulsen, lo que representa más del doble de rendimiento bajo condiciones de sequía (Cuadro N°1).

Calidad del fruto
En lo que respecta a la calidad, no se observaron diferencias significativas en el pH ni en los sólidos solubles entre los dos portainjertos. Sin embargo, las uvas de Syrah injertadas sobre 1103 Paulsen presentaron una acidez titulable ligeramente superior, un atributo deseable para el equilibrio final del vino. Los investigadores aclaran que la cosecha se realizó antes de alcanzar la madurez tecnológica óptima debido al pronóstico de lluvias que podría haber afectado la sanidad de la vendimia.
Una herramienta para la sustentabilidad vitícola
Los resultados del estudio confirman la aptitud del portainjerto 1103 Paulsen para conferir tolerancia a la sequía en suelos someros del pedemonte serrano bonaerense. En regiones donde la vitivinicultura se desarrolla sobre condiciones edáficas limitantes y en secano, la elección adecuada del portainjerto puede ser decisiva no solo para sostener el rendimiento, sino también para promover la longevidad del viñedo.
En definitiva, se trata de una práctica agronómica que combina eficiencia productiva con adaptación ambiental, y que amplía las posibilidades de desarrollo de la vitivinicultura en la región Mar y Sierras.