La coriza infecciosa es una enfermedad respiratoria altamente contagiosa que genera serias pérdidas económicas en la avicultura. Producida por la bacteria Avibacterium paragallinarum, provoca inflamación facial, conjuntivitis y decaimiento. Afecta a gallinas ponedoras, pollos parrilleros y reproductores. En casos graves, puede reducir la producción de huevos hasta en un 40% o la ganancia de peso en los parrilleros, y cuando se combina con otros patógenos, el impacto económico puede ser aún mayor.

Si bien los antibióticos ayudan a mitigar los signos clínicos, no eliminan la bacteria ni evitan que las aves se conviertan en portadoras de por vida, además de fomentar resistencia antimicrobiana. Por ello, la vacunación es considerada la herramienta más eficiente para controlar la enfermedad. En Argentina, se han detectado variantes locales del serotipo B (conocidas como Bvar) que no siempre responden bien a las vacunas tradicionales.
Un ensayo realizado en el Laboratorio de Bacteriología del INTA Balcarce, en colaboración con Laboratorios Hipra S.A., evaluó la composición de las cepas en las vacunas y qué esquemas de vacunación ofrecen mejor protección frente a la cepa INTA H8 de Avibacterium paragallinarum Bvar, altamente patógena aislada en Argentina.
Se trabajó con 107 pollitas Lohmann Brown, procedentes del criadero Las Camelias de Suipacha (provincia de Buenos Aires), libres de Salmonella y criadas bajo estrictas condiciones de bioseguridad.
Se conformaron cuatro grupos experimentales:
- G1: Vacunadas con la vacuna V1 (sin cepa Bvar), aplicada a las 8 y 12 semanas de vida.
- G2: Vacunadas con la misma vacuna V1, pero con un esquema temprano (5 y 12 semanas).
- G3: Vacunadas con la vacuna V2 (que incluye una cepa Bvar), aplicada a las 8 y 12 semanas.
- G4: Grupo control, sin vacunar (grupo control positivo).
A las 25 semanas, las aves de los grupos G1a G4 fueron inoculadas en el seno infraorbitario con la cepa INTA H8 (Bvar) de Avibacterium paragallinarum. Se monitorearon los signos clínicos —conjuntivitis e inflamación periorbitaria— durante cinco días posteriores. Luego, se realizaron cultivos bacterianos para confirmar la presencia del patógeno.
Resultados principales
El grupo no vacunado (G4) presentó significativamente más aves enfermas que los grupos vacunados (P < 0,05). El grupo con vacunación convencional con V1 (G1) tuvo menos aves con síntomas que el grupo con vacunación temprana (G2) (Figura 1).

Con respecto a los grupos de vacunación convencional (G1 y G3), ambos esquemas redujeron de manera significativa los signos clínicos frente al control, y no se observaron diferencias relevantes entre V1 y V2 (Figura 2). Esto da cuenta de que, aunque la primera no contiene cepa Bvar, también protege contra esta variante.
En senos no inoculados, se encontraron más infecciones en aves no vacunadas, mientras que los vacunados (G1, G2 y G3) no mostraron diferencias significativas entre sí, lo que sugiere que la vacunación ayuda a frenar la diseminación interna del patógeno.

Estos resultados confirman que tanto V1 como V2 reducen los efectos clínicos y la colonización bacteriana. Un dato relevante es que la vacuna V1, sin cepa Bvar en su formulación, igualmente protegió contra variantes locales del serogrupo B de Avibacterium paragallinarum.
Discusión técnica
El estudio aporta evidencia local sobre la eficacia de vacunas comerciales frente a variantes emergentes y respecto a la importancia del esquema de vacunación: el plan tradicional (8 y 12 semanas) fue más efectivo que el temprano (5 y 12 semanas), aunque ambas protegieron a las aves en comparación con las aves no vacunadas. También se podría evaluar la aplicación de una tercera dosis, en zonas de alto riesgo o con antecedentes de brotes, para reforzar la inmunidad.
Se ha reportado la presencia de variantes del serotipo B en Argentina, Perú, Ecuador, Estados Unidos y Zimbabue (Mendoza-Espinoza et al., 2009; Caballero-García et al., 2022). Este panorama refuerza la necesidad de actualizar periódicamente las cepas incluidas en las vacunas o incorporar nuevas variantes a las bacterinas autógenas adaptadas a la epidemiología local.
Además, se destaca la importancia de seguir aislando y caracterizando cepas locales para ajustar las vacunas a las variantes circulantes. La coriza infecciosa no representa un riesgo para la salud humana, pero sí un desafío económico para la producción avícola. Por eso, la prevención mediante vacunación y buenas prácticas de bioseguridad sigue siendo la mejor herramienta.
Conclusiones
Los resultados del ensayo conducido en INTA Balcarce permiten concluir que:
- Ambas vacunas (V1 y V2) redujeron significativamente los síntomas clínicos y la presencia bacteriana, demostrando eficacia frente a la variante del serotipo, cepa INTA H8 de Avibacterium paragallinarum
- El esquema convencional de vacunación (8 y 12 semanas) fue más eficaz que el plan temprano (5 y 12 semanas).
- La vacuna V1, sin cepa Bvar, mostró capacidad de protección contra dicha variante, reduciendo signos clínicos y la colonización bacteriana.
- La vacunación también ayuda a limitar la diseminación interna de la bacteria.
Estos hallazgos consolidan la vacunación como estrategia esencial para el control de la coriza infecciosa en ponedoras y ofrecen herramientas para diseñar programas sanitarios adaptados a cada contexto productivo.